Mar. Abr 16th, 2024

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La responsabilidad ciudadana

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Se habla mucho de impunidad legal pero poco se dice de la impunidad social asociada al mal que ocurre cuando nos cruzamos de brazos frente a los problemas.

Generalmente se culpa al Gobierno de todo, hasta de lo que no tiene la culpa. A pocos se les ocurre preguntarse cuál es su rol en la construcción del bienestar del país, del que, como ciudadanos, todos somos responsables.

La corresponsabilidad es una manifestación de la responsabilidad, valor que, en la moral y la ética, encuentra su definición en el imperativo categórico kantiano expresado en la máxima: “obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra”.

Ser responsable es una obligación de los seres humanos para la construcción de una sociedad justa y pacífica. Obrar con responsabilidad implica responder por los actos propios en el marco del ejercicio de la libertad individual. También de actuar frente a las necesidades del prójimo.

La irresponsabilidad es la madre de los vicios y provoca problemas sociales como la violencia, la degradación del medio ambiente y de los valores.

Cuando la responsabilidad se comparte se origina la corresponsabilidad. Todos somos corresponsables de algo. Viviendo en familia somos corresponsables del cuidado y educación moral de los hijos e hijas y del apoyo incondicional a los miembros más vulnerables.

Con el Estado, somos corresponsables de la erradicación de la pobreza, los feminicidios, los accidentes de tránsito, la desigualdad, la corrupción y de todos los lastres que afectan a la sociedad. Aunque existe una responsabilidad irrenunciable de los gobiernos de asegurar el bien común, los ciudadanos también tenemos compromiso en la materialización de esas aspiraciones.

Las acciones de vigilancia y exigibilidad de rendición de cuentas, transparencia y seguridad ciudadana son corresponsabilidades ciudadanas a las que no podemos renunciar si queremos una mejor nación.

Decía Denis Waitley que tenemos dos opciones principales en la vida: aceptar las condiciones existentes o aceptar la responsabilidad de cambiarlas. La resignación o el cinismo no llevan a nada, si algo está mal, cambiémoslo, pero entre todos.