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Oremos por el Sínodo de los Obispos

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Del 4 al 29 octubre de 2023 y en octubre de 2024 se celebrará en el Vaticano la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, titulada «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión«.

A los que no conocen este término: La Sinodalidad busca una toma de decisiones tomando en cuenta la participación y la colaboración de obispos, sacerdotes, religiosos y laicos en la dirección de la Iglesia. Es lo que el Papa Francisco ha diseñado como un camino para escuchar las voces y perspectivas de todos los miembros de la Iglesia.

Recordemos que los sínodos son reuniones de obispos que se llevan a cabo para discutir temas específicos y proporcionar recomendaciones al Papa.

Esta apertura sin filtros pretende buscar una mayor participación de los fieles en la vida de la Iglesia y una mayor adaptación a las necesidades de los tiempos modernos, representando un gran cambio en la tradición de nuestra jerarquía. 

Es deber de todos, unirnos en oración por el buen discernimiento del Espíritu Santo en estos procesos.

Debemos estar muy claros de que la Iglesia no es democrática, es jerárquica por voluntad expresa de Jesús y su potestad no debe cederse.

Dicho esto, es preciso señalar que en esta ocasión han salido a relucir temas muy delicados que han sido incorporados al debate que antes eran impensables.  

Citaremos solo a uno por razones de espacio: sobre si ordenar mujeres al sacerdocio (supongo salió el tema por la «tendencia feminista» que tristemente lejos de proteger los derechos de la mujer la denigran por citar algo, el vil derecho al aborto queriendo legitimar el crimen de matar a su bebé desde sus entrañas).

La Iglesia ha sido muy cauta siguiendo la Tradición, quien en Jesucristo eligió solo a hombres como apóstoles, siendo esta elección un claro indicio de la voluntad de Dios en este asunto.

Quien les escribe, mujer laica comprometida, por igual está de acuerdo en que las mujeres no se ordenen como sacerdotes porque nuestro modelo como mujer es María, la madre de Jesús, quien tampoco no fue escogida para tal misión.

Repito, Ella, la excelsa e impecable, modelo de mujer, tampoco fue escogida para el sacerdocio.

En la Doctrina de la Iglesia, la enseñanza desde sus inicios sostiene que la ordenación sacerdotal está reservada para hombres debido a la conexión especial entre el sacerdocio y Cristo, quien era un hombre. 

 ¿Y esto minimiza el rol de la mujer? Negativo. Solamente destacando el rol de la maternidad basta y sobra para importantizar su rol. 

¿Es que no nos damos cuenta de que hasta Dios Padre quiso tener una madre? Con esto se desprende por igual que ni a Él, Creador omnipotente, se le ocurrió que su Hijo naciese del vientre de un hombre, como vemos las locuras de estos tiempos que hay una minoría desafiante que se empeñan en desacatar y distorsionar el plan de Dios, incluso no aceptando su propio género queriendo cambiarlo y haciendo campañas de inventar múltiples estados según sean percibidos, visto a mis ojos un retroceso maligno a lo vivido en Sodoma y Gomorra.

Por eso es tan importante cuando hay deliberaciones, escoger muy bien quién nos representa a la hora de fijar posiciones. 

Esto se aplica cuando el pueblo elige sus congresistas y obvio a su Presidente, pero también en estos escenarios eclesiales toca a la responsabilidad de una conferencia episcopal al elegir a un obispo vocero en un sínodo como este, que dada la particularidad de su apertura es crucial, ya que esta elección tiene un impacto significativo en la representación y dirección del sínodo. Debe ser alguien que entienda la doctrina y la enseñanza de la Iglesia y tenga habilidades de comunicación efectivas y sobre todo debe tener en cuenta la importancia de mantener la fe y la unidad en la Iglesia.

Terminamos estas líneas acogiendo y haciéndonos eco de una linda iniciativa espiritual que nos llega desde Colombia, precisamente del Padre Artur Migas quien ha realizado una convocatoria urgente para apadrinar espiritualmente a uno de los obispos del Sínodo de la Sinodalidad ofreciendo sacrificios (ayunos a pan y agua, ofrecer lo que más nos gusta, Eucaristía diaria, Confesión frecuente, lectura de la Palabra de Dios…), y oraciones por estos sucesores de Apóstoles, que participaran en este Sínodo que se aproxima. 

Termino con sus palabras: ¡A la batalla, guerreros!