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SIÉNTATE A MEDITAR

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EVANGELIO DE HOY: 8/11/23 (Lc 14,25-35).

Mucha gente acompañaba a Jesús. Pero, el que le acompañaran, no significaba que le estaban siguiendo realmente. Tú puedes caminar por fuera y tener el corazón inmóvil por dentro. El Señor, hoy, te confronta.

“Si alguno viene conmigo”. Si vas con Jesús, entonces, pon atención al corazón para despejarlo y liberarlo para que Él comience a crecer dentro. Cuando el corazón está apegado no tiene las fuerzas suficientes para amar; es como si pretendieras abrazar a alguien, estando con los dos brazos ocupados. Hay que soltar para abrazar dignamente.

La mención que Jesús hace de los familiares, advirtiendo que Él es el amor primero, incluso, por encima de uno mismo, muestra lo mucho que espera de ti. No te pide un amor sin fundamento. Él te ha amado primero. Pero, ¿cómo amar a Jesús? ¿Cómo permitirle que encienda todo tu ser? Hay un secreto maravilloso para enamorarte de Jesús hasta el fondo: conocerlo poco a poco en una lectura orante de los evangelios. Lee los cuatro evangelistas con el propósito espiritual de conocerlo más a Él. Y, unido a este ejercicio, pide al Espíritu Santo y a la Virgen María que te den la gracia de vivir plenamente la Eucaristía.

El amor a Jesús no se improvisa. Cuando le permites entrar, Él mismo va poniendo orden en ti. Y las cosas que te parecían grandes e importantes, comienzan a acomodarse en su lugar correspondiente. ¿Tú crees que el Señor está ocupando el lugar debido en tu vida? ¿Cómo se refleja esto en tus pensamientos, en tus acciones, en tu relación con los demás? Cuando el amor a Jesús se hace grande, las manos se abren con facilidad para servir, compartir y disponer todos los bienes al servicio del único amor que todo lo merece.

El Señor utiliza dos ejemplos de vida que exigen de las personas sentarse previamente: quien echa cálculos para asegurarse de que puede construir, y quien delibera para saber si saldrá al paso con su contrario más fuerte. De la misma manera, el seguimiento de Jesús amerita, sentarte a meditar si respondes o no a las exigencias para ser verdadero discípulo.

Señor, hoy recuerdo aquellos tiempos cuando sentía muchos deseos de seguirte fielmente, pero los apegos no me lo permitían. Era difícil echar abajo un edificio para dejar que tú construyas uno nuevo. La débil fe no me permitía arriesgar tanto. Pero cuando la luz del cielo comenzó a iluminar mi noche, entonces, Señor, llegó el día a mi vida. Al llegar la luz, se descubre el amor y, con este, la felicidad plena. Felicidad es el resultado de quien camina contigo en una sola dirección.

  1. ¿Ya tú te sentaste a meditar?
  2. ¿Qué altura tiene el amor a Jesús en tu corazón?
  3. ¿Has calculado cuántos apegos tienen que desaparecer en tu vida para abrazar con fuerzas a Jesús?