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LUNES DEL ÁNGEL

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En el contexto de esta semana veremos un tiempo de ocho días que serán como uno. Estamos en la Octava de Pascua o Semana in Albis. En esta semana los recién bautizados o neófitos reciben la mistagogia y permanecen con sus albas puestas. Es un tiempo especial.

Lo primero que vamos a ver es la figura del Ángel en este día. Así como la Virgen María recibió un anuncio y se fue con prontitud a la región montañosa de Judea donde su prima Santa Isabel y ella exultó de gozo así las mujeres recibieron una buena noticia de un Ángel. El Ángel les anuncia gozoso esta buena noticia: «De pronto se produjo un gran terremoto, pues un Ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella. Su aspecto era como el relámpago, blanco como la nieve. Los guardias atemorizados al verlos, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El Ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: Vosotras no temáis, pues se que buscáis a Jesús, el crucificado. Pero no está aquí, pues ha resucitado, como había anunciado. Venid a ver el lugar donde estaba» (Mt 28,2-6). Si vemos, notamos que hay unas instrucciones de parte del Ángel a las mujeres. Sin estas instrucciones no se podían ver los signos claros de la resurrección. Es necesario la palabra de alguien que tenga autoridad para confirmar la veracidad de los hechos.

Luego sigue un envío: «ID ahora enseguida a decir a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. Ya os lo he dicho» (Mt 28,8). Las mujeres van con miedo y gran gozo, corren a dar la noticia a sus discípulos (v. 8). Ya que han sido discípulos de un Ángel pueden ver más claro. El Salmista dice: «Venid hijos, escuchadme, os instruiré en el temor del Señor» (Sal 34,12). También: «Escucha, hija, mira, presta el oído, olvida tu pueblo y la casa paterna» (Sal 45,11). El Ángel se ha sentado sobre la piedra y ha dado una instrucción. Todo se ve desde la luz de la resurrección. Si escuchas, verás. Se ve desde la instrucción que se de. Dios envía un Ángel y ese Ángel nos hace ver los acontecimientos desde Cristo.

Contagio de la Resurrección.

Esto no se queda ahí. Así como Santa María recibió el anuncio del Ángel, y ella va, con el mismo gozo del Ángel, que ya ella lo tiene, donde su pariente Santa Isabel, ahora van las mujeres con la alegre noticia de la resurrección a los discípulos. Es como un virus, se contagia. El Ángel hace su misión. Ahora las mujeres se convierten en ángeles para los discípulos, que de igual modo les transmiten ese gozo. Al escuchar las mujeres ahora ellas pueden ver a Jesús. Por eso dice el Evangelio que de pronto Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos», ellas, se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él. Luego les dieron las instrucciones a los discípulos e hicieron lo que se les instruyó.

Dice más adelante esto: «Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, lo adoraron, si bien algunos dudaron» (Mt 28,16). ¿Por qué dudaron? Porque hay otro Ángel que también tiene su noticia. Por eso vemos que los soldados, aún siendo testigos de la resurrección, hicieron un soborno por una suma de dinero en componenda con el sumo sacerdote y los ancianos.

Hay una Buena Noticia que salva al hombre y otra buena noticia que lleva a la muerte.

Bien, hermanos, hoy vayamos tras el misterio que se desvela entre nosotros que hacemos el papel de ángeles. No vayamos tras las falsas buenas noticias. Termino con las palabras del Apóstol: «Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida, -pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la Vida eterna, que estaba vuelta hacia el Padre y que se nos manifestó- lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto para que nuestro gozo sea completo» (1 Jn 1,1-4).

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