Vie. Ene 27th, 2023

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No nos dejemos confundir.

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Análisis de la actualidad

Hace unos días, una alta funcionaria del gobierno, publicó en sus redes una foto donde se ve en su escritorio, – en el Palacio Nacional -, las banderas del movimiento LGTBIQ+ y también del colectivo transgénero y pederasta (otros dicen que es la bandera de la inclusión); hace además una aseveración de que, desde su despacho no hay lugar para la discriminación de nadie y mucho menos de esos grupos minoritarios; es más bien un espacio de inclusión y escucha, así como de defensa y reconocimiento de los derechos humanos de este colectivo gay; usa también en su comentario el mal llamado «leguaje inclusivo».

Se puede decir que esta funcionaria ha alborotado el avispero porque esto ha sido causa de muchos comentarios en las redes, programas de radio y televisión, artículos de periódicos, etc., a favor y en contra. Se ha provocado una especie de «tendencia» o, como otros dicen, se ha levantado una especie de «ola», en la que muchos se han subido para expresar sus ideas al respecto.

Una vez más recuerdo lo que en otra ocasión he comentado: ella tiene, en lo personal, todo el derecho a pensar y actuar como mejor crea. Pero tiene que recordar que el despacho que ocupa en el Palacio Nacional, no es su oficina privada ni un rincón de su casa en el cual puede poner y hacer lo que crea que deba. Su despacho está en la sede del gobierno dominicano y este no puede ser utilizado para promover ideas personales ni ideologías.

Ella no es el gobierno; es parte del gobierno, y tiene que adherirse al programa de gobierno trazado por el presidente de la Rep. Dominicana; ella es parte de la orquesta del gobierno y tiene que tocar la partitura que le entrega el director; no puede tocar otra o la propia partitura.

Súmesele a esto también, las políticas de igualdad de género que, desde el ministerio de la mujer se vienen ejecutando.

Dicho esto, aquí entonces ha surgido la inquietud en gran parte de la población: ¿por qué esta funcionaria ha traído este tema en estos momentos? ¿Ha sido casualidad? ¿Involuntario? ¿Es una real lucha por los “derechos humanos” de estas minorías de nuestra sociedad que se sienten discriminados? ¿Es en verdad un tema de reivindicación para estos grupos?

No olvidemos que, en estos momentos, nuestro país está inmerso en un proceso político profundo para establecer las políticas públicas que mejor y más convengan al país; ejecutar los mecanismos que las leyes del país establecen para perseguir y castigar la corrupción y los corruptos; así como la delincuencia, que también ha modificado sus métodos para delinquir en medio de esta crisis de salud.

Por otro lado, también está llamando la atención las declaraciones juradas de bienes de los funcionarios del gobierno y esto ha dado pie a cierta incredulidad o sorpresa por parte de un alto porcentaje de la población que no sabíamos que estos funcionarios son multimillonarios.

Esto ha dado pie para que se llenen las redes, de los memes, relajos, señalamientos y otras cosas más; así como la risa que ha provocado las declaraciones de otros funcionarios del gobierno pasado.

A qué voy con todo esto mencionado? Recordemos que nuestra sociedad es muy propensa a olvidar y, sobre todo, nuestros políticos lo saben y se las ingenian para manejar ese recurso (es como una especie de «carta bajo la manga»). Hemos oído muchas veces el dicho popular «un tema tumba otro tema». Es aquí donde debemos estar y ser cuidadosos.

Sabemos que hay temas que siempre se prestan, y de hecho lo son, para entretener y desviar la atención de la población; uno de esos temas siempre es el que tiene que ver con la religión o la institución religiosa católica; están también los temas de corte faranduleros (aunque en menor intensidad); también temas que toquen el interés nacional de tradición, costumbres, valores, principios, identidad, cultural, como lo es este de la Ideología de Género, con sus diferentes aristas (aborto, legalización de uniones gays, adopción por estas parejas, eutanasia, trasgenerismo, vientres de alquiler, etc.). Todo esto planteado como los «nuevos derechos humanos».

¡No podemos dejarnos confundir! Debemos de mantenernos en el «hilo», como se dice en el argot de las redes sociales. Nuestra sociedad tiene muchos problemas que enfrentar y buscarles solución:

  • estamos en medio, aún, enfrentando este asunto de salud que es la supuesta pandemia del coronavirus;
  • está también el tema de asumir medidas que nos garanticen la recuperación económica nacional, ya que no podemos dejar que caiga en una especie «coma»; –
  • el tema de cómo seguir resolviendo lo referente a este año escolar, – que está afectando de tal manera a los estudiantes en lo académico y personal, pero también afectando a las instituciones educativas en lo económico que los está llevando a la quiebra -;
  • el tema de la aplicación de una verdadera justicia contra los delincuentes (que también han modificado sus artimañas para seguir delinquiendo en medio de esta crisis de salud nacional del coronavirus); los corruptos; y otros asuntos nacionales más.

Pero ahora vino una funcionaria del gobierno y crea tendencia en la sociedad con este tema de la ideología de género.

Una vez más lo digo, no nos dejemos confundir.

Tenemos que tener en cuenta las prioridades de nuestra sociedad. No dejemos que se nos alborote el gallinero, para que no quieran aprovecharse en medio del caos.

No nos dejemos llevar, como sociedad, al espectáculo; no caigamos en el tema del «pan y el circo»; siempre, en medio del desorden y la crisis, hay alguien o algunos que se benefician. No demos pie a ello. Mantengámonos enfocados en lo más urgente en estos momentos, sin olvidar ni poner la vista para el otro lado, de otros problemas que están en nuestro camino y que atentan contra las buenas costumbres y nuestra cultura.

El enemigo no duerme, no descansa; siempre está preparando la siguiente estrategia de ataque y lo sabemos; esta es una guerra no sólo ideológica, sino también espiritual; es una guerra del bien contra el mal; y ese mal escala a lo más alto de nuestra sociedad y tiene los recursos económicos, sobre todo, para doblegar voluntades, proyectos políticos y culturales. Es la lucha de «David contra Goliat«, donde David venció a Goliat porque este contaba con la fuerza de Dios.

Pues esa fuerza también Dios nos la prometió, pero debemos usarla con sabiduría, discernimiento y astucia. El triunfo de Cristo sobre el mal, es también nuestro triunfo.

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