Vie. Abr 16th, 2021

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El andador solitario

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En mi última vi­sita a un cen­tro de salud, me encontré en los pasillos con alguien que suele ser muy solicitado en estos luga­res, alguien que literalmen­te sirve de soporte, cuando sientes que estás cansado y no puedes dar ni un paso más, el andador.

Pero fue grande mi ex­trañeza, al ver que andaba sólo, sin ningún enfermito a quien sostener. El, muy soberbio me respondió, que, a diferencia de los de­más andadores, él disfru­taba más sus paseos en so­ledad, sin tener que cargar con otros, al fin y al cabo, su apellido era Solitario, como el Llanero.

Conversamos un buen rato mientras él se burlaba de sus amigos andadores que, por estar llevando pe­so ajeno, se deterioraban. Él no, él prefería mantener su firmeza evitando cual­quier carga que le pudie­ra dañar. Me afligió su for­ma de pensar, no entendí cómo era posible que al­guien prefiriera vivir en soledad, aun sabiendo que no estaba cumpliendo con el fin para el cual fue crea­do.

Qué tristeza ver su indo­lencia, así que lo invité a dar un paseo conmigo.

Le fui ofreciendo mis brazos de soporte a todo aquel que lo necesitaba.

Las personas felices me abrazaban con tal alegría y agradecimiento, que mi nuevo amigo el andador, sintió una sana envidia por poder él también provocar esa emoción en los demás. Así que juntos asistimos a envejecientes, embaraza­das, accidentados, en fin, a todo el necesitado.

Al final del día estába­mos exhaustos, pero ale­gres de haber cumplido con nuestro deber.

El andador solitario se había convencido de que podía cambiar para bien la vida de los demás, y eso lo motivó a darse por com­pleto. Fue tan grande el im­pacto que tuvimos en el lu­gar, que otros acudían a nosotros para aprender el arte de trabajar en solida­ridad.

De momento, los bisturís dejaron de ser tan hirien­tes, las salas de rayos x ya no eran tan frías, las inyec­ciones apuntaban directa­mente a su objetivo para no maltratar la piel.

Al final, sucedió lo ines­perado, hasta las enferme­ras y los doctores se huma­nizaron más y dejaron de tratar a los pacientes como sólo casos, y empezaron a tratarlos como los seres hu­manos valiosos que real­mente son.