Vie. Abr 16th, 2021

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Cristianos en la Política

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“Adúlteros, ¿no saben que la amistad con el mundo es enemistad contra Dios? Quien, pues, quiere ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios” (St 4,4).

No podemos ocultar que el mundo, la humanidad hoy está cada vez más encaminándose a lo que podríamos llamar como su “decadencia”. Vemos, cada día, cómo los enemigos de Cristo, de su evangelio y de su Iglesia, están ganando terreno en los puestos de mando.

Da la impresión de que esta guerra la estamos perdiendo sin más ya que, el esfuerzo que hacemos una gran parte de los que están convencidos de que el bien triunfa sobre el mal, no parece estar dando buenos ni motivantes resultados. Un alto porcentaje de la población parece que ha tirado la toalla en señal de rendición y derrota, mientras otros permanecemos en pie de guerra, siempre dispuestos al buen combate desde nuestra fe para intentar aportar y lograr los cambios que nuestra sociedad necesita en estos momentos de crisis.

Vemos cómo el manto de tinieblas se sigue extendiendo sobre el mundo y la luz que debemos de irradiar los hombres y mujeres, desde nuestra fe, se hace cada vez más opaca. No podemos negar que estas escenas dantescas tienen desanimados a muchos y hasta nos hace preguntarnos si en verdad sigue valiendo la pena seguir luchando ante tantos signos de derrotas que estamos viviendo. ¿Son reales y verdaderas las palabras del Señor de que el enemigo no podrá derrotarnos? ¿De quién, en realidad, depende el triunfo, la victoria en este mundo cada vez más apartado de Dios?

Se percibe un ambiente de pesadez, de derrota, de desilusión. Vemos cómo los principios morales y de felicidad siguen siendo pisoteados por el cinismo de muchos gobiernos y poderosas instituciones y familias financieras. Siguen las guerras que, junto con las grandes crisis económicas, son fruto de vergonzosas políticas cuyos verdaderos motivos permanecen ocultos.

Tenemos el ejemplo de los Estados Unidos de Norteamérica que, en la administración pasada de Donald Trump, no inició un nuevo conflicto armado; más bien, todo lo contrario, fomentó y propició acuerdos de paz entre naciones enemigas de mucho tiempo.

Pero ahora con la nueva administración, a días de haber asumido la presidencia el señor Joe Biden, ha retomado los conflictos bélicos y ya ordenó bombardear el país de Siria. Hemos de recordar, hace ya unas décadas atrás, las palabras que en su momento había dicho el papa san Juan Pablo II cuando se iniciaba la guerra contra Irak, que sabía que era una campaña para encubrir una guerra comercial animada por falsos principios humanitarios.

Y que esos grupos militares-petrolíferos, en realidad, nunca les ha importado los derechos ni la vida del pueblo iraquí. Con el paso del tiempo, ¿tuvo o no tuvo razón el papa polaco? ¡Pues no hay duda de ello! Otro ataque que vemos que se está profundizando y arreciando más con la llegada de la nueva administración de los Estados Unidos de Norteamérica, es contra la institución familiar.

Las señales que está dando esta administración es que parece que están decididos a recuperar aceleradamente, el tiempo perdido que le provocó la administración pasada de Trump a la agenda globalista y genocida para imponer sus ideologías de un “maravilloso bienestar” a la humanidad.

Están fomentando así el esperado “reseteo o reinicio” de la humanidad, pero sin contar con Dios; un reinicio basado solamente en la pura percepción y capacidad humana, donde un grupito le ha prometido al resto de la humanidad de que en unos años no tendremos nada, pero seremos felices.

Siguen apostando a proveer la felicidad sin acercarse a la fuente de ésta, que es Jesucristo.  Hay una quiebra en nuestra cultura occidental, que lleva a la crisis cultural y de identidad.

Podemos muy bien decir que occidente está cada vez más paganizado y ésta paganización afectará al mundo entero llevándolo a la ruina general, destruyendo la cultura, la demografía y la religión de manera absoluta.

Aporte de los cristianos

¿Qué nos queda a nosotros como cristianos seguir aportando a esta situación caótica y de degradación en la que está caminando la humanidad actualmente, y en ella, nuestra sociedad? Y es que, si la democracia sigue siendo la mejor forma de gobierno, en el que la mayoría puede decidir, desde su libertad y elección el bien y el mal, debe de tener unos criterios morales que orienten a elegir el bien. La sociedad y en ella la Iglesia, están en grave y profunda crisis.

La seguridad que tenían los cristianos dentro de la institución religiosa, hoy esa seguridad ya no es tal. El enemigo o los enemigos de Cristo y su Iglesia se han establecido en los altos puestos de mando del mundo y así viene avanzando la imposición de la agenda ideológica neomarxista.

Los cristianos no debemos renunciar, aunque los tiempos no sean del todo motivadores, a nuestra participación en el terreno de la política. La solución a nuestros problemas en este terreno no nos caerá del cielo, si nosotros, desde nuestra fe, no asumimos nuestro compromiso de aportar al bien común desde el campo político; debemos interesarnos porque nuestra nación este bien dirigida; no importan las tentaciones y los peligros que nos podamos encontrar en ese terreno.

Las tentaciones y los peligros se pueden vencer, siempre que estemos fortalecidos por la gracia de Dios. Son muchos los que huyen a esta responsabilidad ciudadana, como si los cristianos no fuéramos también ciudadanos de la nación.

Se nos olvida que esa realidad también necesita ser sanada y santificada de todo aquello que la afea y la denigra. El cristiano tiene que ser y llevar la luz de Cristo al terreno de la política. Cristo no quiso que escapáramos a esta realidad.

Él vino para anunciarnos que el Reino de Dios está entre nosotros y dentro de cada uno de nosotros. El Reino de Dios también debe de estar presente y transformar la realidad política desde su interior y eso se logra a través de cristianos comprometidos profundamente con Cristo, su evangelio y su Iglesia.

Muchos cristianos han perdido la dirección de Dios en cuanto a lo que tenemos que aportar ante los gobiernos.

Termino citando un fragmento del documento titulado The Mayflower Compact, de noviembre de 1620, escrito por los Padres Peregrinos en el Estado de Virginia y considerado como el fundamento de la Constitución de los Estados Unidos de América: “En el nombre de Dios, amén. Nosotros, cuyos nombres quedan inscritos, nuestra soberana lealtad a nuestro Rey James, por la gracia de Dios, de la Gran Bretaña, Francia e Irlanda, rey, defensor de la fe; habiendo tomado para la gloria de Dios el avance de la fe cristiana, y en honor a nuestro rey y país, viajamos para establecer la primera colonia en las partes norteñas de Virginia, en presencia solemne y mutua de Dios, y entre unos y otros, pactamos y nos unimos en un cuerpo civil y político para un mejor orden y preservación futura. Y por virtud ahora actuar, constituir y formar leyes justas y de igualdad, ordenanzas, actos, constituciones y gobiernos, de tiempo en tiempo para la mejoría de nuestra colonia, lo cual prometemos en sumisión y obediencia”.

  ¿A quién queremos obedecer?

“A lo cual respondieron Pedro y los apóstoles: hay que obedecer primero a Dios antes que a los hombres” (Hc 5,29) ¿De quién queremos ser amigos?: “Ustedes son mis amigos, si hacen lo que les mando” (Jn15,14) ¿A quién queremos servir?: “Nadie puede servir a dos amos… no pueden servir a Dios y al dinero” (Jc 16,13).