Jue. May 23rd, 2024

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Educamos con el corazón

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La gente está vuelta loca y sin idea, pues no sabe en qué forma educar a niños, adolescentes y jóvenes. La educación constituye tremendo dolor de cabeza para quienes tienen el sagrado deber de formar a las nuevas generaciones. Buscando solución al problema, muchos se preguntan, en voz alta o en silencio, ¿Cuál es el secreto de la educación salesiana?

Es una marca de fábrica, transmitida por el mismo Don Bosco, no con palabras, sino con obras que dan buenos resultados.

El Padre y Maestro de la Juventud tenía como norma y clave educativa no sólo amar a los jóvenes, sino hacerles sentir que se les ama. Para Don Bosco, y para las más de treinta instituciones que conforman la familia salesiana, la educación es cosa del corazón.

El mejor regalo que se les puede dar a niños y jóvenes es el amor, simbolizado en el corazón. Ese amor que tal vez, por carecer de una familia estable, no se ha experimentado nunca.

Quien tiene el compromiso de educar, sea padre o maestro, debe ponerle alma, vida y corazón a su trabajo; por eso el Sistema Preventivo de Don Bosco deja huellas positivas imborrables.

Pueden pasar los años, pero esa marca de calidad educativa, basada en la razón, el amor y la fe, necesariamente se convierte en estilo de vida y proyecto.

Es que la educación salesiana tiene sabor a miel.

El control de calidad de la educación salesiana se va realizando permanentemente en quienes recibieron el regalo de la pedagogía de Don Bosco.

La base ética que deja la educación salesiana, motivada en el amor y en el espíritu de familia, lleva entonces a descartar lo que entorpece el crecimiento y desarrollo integral de la persona y hace que los educandos se conviertan en entes sociales positivos.

El amor crea una plataforma espiritual indestructible en quien ha sido educado a la luz del Sistema Preventivo de Don Bosco, que lo lleva a integrarse a la sociedad haciendo permanente referencia al objetivo último al que tiende esta pedagogía.

Es un sistema educativo inspirado en la bondad y amabilidad, para conducir a los jóvenes a ser buenos cristianos y honrados ciudadanos. Así de simple.