Mié. Dic 8th, 2021

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Mándalo de palabra, y quede sano mi criado

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La fe es un don de Dios. El Señor elige a los que quiere para mostrar al mundo su mensaje de salvación. Hemos sido afortunados al formar parte de la “muchedumbre” que sigue a Jesús. ¿De qué somos testigos? De su obra de salvación que alcanza a todos.

En tiempos de Cristo muchos le rechazaron y no le reconocieron. No creían que era el enviado de Dios para salvar al mundo entero de la esclavitud del pecado. Ellos, eligieron no creer. No sea así entre nosotros.

Creamos en la fuerza soñadora de Jesús. Tengamos fe en que su palabra tiene la fuerza de transformar corazones. No dudemos nunca de su amor.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 7,1-10):

En aquel tiempo, cuando Jesús hubo acabado de dirigir todas estas palabras al pueblo, entró en Cafarnaúm. Se encontraba mal y a punto de morir un siervo de un centurión, muy querido de éste. Habiendo oído hablar de Jesús, envió donde Él unos ancianos de los judíos, para rogarle que viniera y salvara a su siervo. Éstos, llegando donde Jesús, le suplicaban insistentemente diciendo: «Merece que se lo concedas, porque ama a nuestro pueblo, y él mismo nos ha edificado la sinagoga».

Jesús iba con ellos y, estando ya no lejos de la casa, envió el centurión a unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo, por eso ni siquiera me consideré digno de salir a tu encuentro. Mándalo de palabra, y quede sano mi criado. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace».

Al oír esto Jesús, quedó admirado de él, y volviéndose dijo a la muchedumbre que le seguía: «Os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande». Cuando los enviados volvieron a la casa, hallaron al siervo sano.