Mié. Dic 8th, 2021

ApmPrensa

Agencia de Prensa Palabra Multimedia

El falso yo

2 min read

Podría estar tentado durante largo tiempo citar la prosapia espiritual de Henry J. M. Nouwen, idea que no me disgusta por la profundidad con que trata el alma humana e invita a la reflexión sobre lo terriblemente secular que tiende a ser la vida que llevamos incluida la vida ministerial.

Desde esa perspectiva, el no cuestionarnos se convierte en el principal enemigo de la vida espiritual, en otras palabras, nos convertimos fácilmente en cómplices de las tinieblas, en la que está en juego la identidad y el sentido del yo, y peor aún, sin darnos cuenta de que la secularidad es una forma de dependencia del medio ambiente, donde el yo falso o secular es un yo fabricado por conveniencias sociales.

En esa vorágine perniciosa de falsedades que se vive, dice Nouwen que hay una necesidad de afirmación continua y progresiva, en donde lo importante es quién soy y qué piensan los demás de mí. Se trata de una obligatoriedad fundamentada en dos de los grandes enemigos de la vida espiritual como son la cólera y la codicia, ambos unidos por un nexo causal, ya que la cólera siendo respuesta obligada a la experiencia de sentirse privado de algo depende del criterio o lo que dicen otros de alguien, entonces, cuando el sentido del yo depende del poder adquisitivo, la codicia se hace presente cuando se ven frustradas los deseos de adquisición, así, cólera y codicia están hermanados de ese falso yo fabricado por las obligaciones de un mundo no redimido. Más que nunca, se necesita morir al viejo yo y nacer uno nuevo.