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Misa de despedida del P. Luis Rosario

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Fue celebrada una misa de cuerpo presente por el eterno descanso del P. Luis Rosario, SDB en la Parroquia Don Bosco, presidida por S.E. Mons. Francisco Ozoria Acosta, Arzobispo Metropolitano de Santo Domindo y el P. José Pastor, Inspector Salesiano de las Antillas, acompañados por varios obispos y sacerdotes, así como consagradas salesianas, su familia, líderes de la Pastoral Juvenil, jóvenes de los que ayudó y numerosos amigos.

La Eucaristía fue transmitida por diversos medio de comunicación con Televida el Canal de la Familia como canal matriz y retransmitido en nuestro canal de youtube APMPRENSA.

El P. Luis Rosario fue un fiel hijo de Don Bosco que cumplió con su vocación salesiana, para él no había frontera de defender la vida humana y la paz. Defendía al niño por nacer y defendía a los niños y jóvenes abandonados sin importar su raza, color o nacionalidad. Fue valiente y tenaz y realizó grandes obras que le quedan hoy no solo a la Iglesia Católica sino a todo el país.

Damos gracias al Señor por el Ministerio y la vida de Luis Emilio, el Padre Luis. Agradecer por su servicio a la Iglesia su servicio a la patria y su servicio a los jóvenes. La Pastoral Juvenil en el país, tiene una gran deuda con el Padre Luis Rosario. Por último sí me pidieran un mensaje al final de esta celebración, considero al Padre Luis un hombre realizado y un sacerdote realizado, por qué los dones que el recibió de Dios, los carismas, lo puso al servicio de los demás y eso considero yo que es un hombre y un sacerdote realizado.

Mons. Francisco Ozoria al finalizar la misa de cuerpo presente.

Su artículo escrito hace años «cuando yo me muera» hay sido reproducido por diversos medios. En este video podemos escuchar una parte de su viva voz:

La homilía fue pronunciada por el P. Pastor a nombre de la comunidad salesiana:

HOMILÍA P. PASTOR

Santo Domingo, 30 de diciembre de 2021

Su Excelencia Mons. Francisco Ozoria, Arzobispo de Santo Domingo, sacerdotes de la Arquidiócesis de Santo Domingo y de otras diócesis del país, salesianos, miembros de la familia salesiana, amigos y familiares del P. Luis:

Estamos aquí reunidos celebrando la Eucaristía, para entregar al Señor, en este contexto de acción de gracias, la vida, el buen hacer y el ser de nuestro hermano salesiano el P. Luis Rosario, es decir, todo lo que significa él para nosotros. Un dominicano, un cristiano y un salesiano inquieto, preocupado por los valores de la vida y de la paz; comprometido con el pueblo, con la familia, con los jóvenes y sobre todos con los más pobres.

Hemos escuchado en el texto del Evangelio un anuncio de dicha, de felicidad, de vida (y diría que, incluso, de triunfo) que pronunció Jesús en el inicio de su predicación. He elegido el texto de las bienaventuranzas para esta celebración porque fueron los criterios que siempre movieron al P. Luis a ser y a actuar, hasta convertirse en un sacerdote con olor a oveja.

Precisamente, al formular las bienaventuranzas, Mateo, a diferencia de Lucas, se preocupa de trazar los rasgos que han de caracterizar a los seguidores de Jesús: mansos, misericordiosos, y defensores de la justicia; esto lo entendió perfectamente el P. Luis a lo largo de toda su vida y por ello las asumió.

El P. Rosario estaba persuadido de que no era posible proponer la Buena Noticia de Jesús de cualquier forma. Estaba muy claro de que el Evangelio solo se difunde desde actitudes evangélicas. Y, esencialmente, las bienaventuranzas indican el espíritu que ha de inspirar la actuación de la Iglesia y de cada cristiano mientras peregrinamos hacia el Padre.

Cuando Jesús proclamó este mensaje de las Bienaventuranzas, no buscaba que se cumplieran sus expectativas, sino que vivía creando nuevas condiciones de felicidad para todos. Se le hacía difícil ser feliz sin incluir a los demás. A todos proponía criterios nuevos, más libres y personales, para hacer un mundo más digno y dichoso.

Desde los criterios del sermón de la montaña, propuesto por Jesús, podemos comprender mejor las grandes opciones del P. Luis. Por ello se mostró siempre con una personalidad persistente, sensible, misericordiosa, amable, honorable, emprendedora, humilde y cercana. Desarrolló la capacidad de entrar en diálogo con cualquier persona sin importar su condición o estatus social. Hablaba con igual facilidad y sencillez con el eclesiástico como con el empresario; con el político como con el niño de la calle; con el migrante y el desamparado como con el ciudadano más distinguido. Se hizo un amigo fiel de los amigos de Dios, los pobres; un amante de la paz y de las buenas relaciones; un defensor de la vida y de los derechos humanos. Felices los que trabajan por la paz con paciencia y con fe. Sin desalentarse ante los obstáculos y dificultades, y buscando siempre el bien de todos.

En definitiva, el P. Luis creía en un “Dios feliz”, el Dios creador que mira a todas sus criaturas con amor entrañable, el Dios amigo de la vida y no de la muerte, más atento al sufrimiento de las personas que a sus pecados. Felices los que lloran al ver sufrir a otros. Son gente buena. Con ellos se puede construir un mundo más fraterno y solidario.

Ser cristiano es aprender a “vivir bien” siguiendo el camino apuntado por Jesús, y las bienaventuranzas son el núcleo más significativo y “escandaloso” de ese camino. Hacia la felicidad se camina con un corazón sencillo y transparente, con hambre y sed de justiciatrabajando por la paz con entrañas de misericordiasoportando el peso del camino con mansedumbre. Este camino diseñado desde las bienaventuranzas lleva a conocer, ya en esta tierra, la felicidad vivida y experimentada por el mismo Jesús.

Gracias a que él P. Rosario siguió el camino delineado por las bienaventuranzas, hoy, se constituye para los jóvenes, para los salesianos, para la Iglesia y para el país en un ejemplo de trabajo.

Nunca perdió su buen sentido del humor y lo demostró, incluso, al escribir el texto “Cuando yo muera” que hoy encontramos en el inmenso océano de las redes sociales. Expuso lo que no le gustaría y lo que sí quería en el día de su funeral. Les expongo algunas de sus peticiones: …ataúd bien sencillo… si fuera de madera de caja de arenque mejor…, ataúd cerrado para no ver llorar a la gente…, no quiero flores porque los muertos casi se ahogan entre los arreglos…, el dinero de las flores que se use para alimentar a niños y niñas abandonados…, si me van a acompañar hasta el cementerio no lo hagan con trajes, menos aún de color negro…las camisas y los poloshirts son más cómodos…, que el coro esté formado por muchachos de la calle aunque desafinen…,  y que cayese una buena lluvia… Todos estos deseos son el resultado de una vida definida a partir de las bienaventuranzas que hemos escuchado del evangelio de san Mateo.

“En tus manos, Padre de bondad, encomendamos el alma del querido amigo y hermano P. Luis Rosario”.

Despidamos todos juntos al hermano, elevemos todos juntos por él una oración y entonemos la victoria del Señor.

Luis, la Iglesia y la sociedad dominicana; los salesianos y la Familia Salesiana; tus familiares y amigos; los niños y niñas de la calle aquí presentes, te deseamos que descanses junto a Dios. Hasta pronto, hasta el cieloCristo te dé la vida y te reciba en su amistad.

Que María Auxiliadora, Don Bosco y todos los santos y beatos de la Familia Salesiana te acompañen a la patria celestial a celebrar la Pascua eterna. Amén.

MOMENTOS DE LA MISA DE CUERPO PRESENTE