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QUIEN HA NACIDO ES EL CORDERO DE DIOS: RECONOCIDO POR LA GRACIA DEL ESPÍRITU SANTO

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EVANGELIO DE HOY: 3/1/22 (Jn 1,29-34).

Seguimos celebrando el tiempo de Navidad. El evangelio de hoy nos muestra la narrativa donde Juan presenta a Jesús como “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Esas palabras nos manifiestan la identidad de quien ha nacido. Nos hacen despertar.

Llama la atención cuando Juan, por dos ocasiones en el texto, afirma que “no conocía” a Jesús. Nos hace pensar en las diversas maneras de tener un conocimiento de Él. Posiblemente jugaron juntos siendo pequeños porque eran parientes cercanos, por los vínculos de María e Isabel. Quizás pudieron compartir espacios comunes en la sinagoga siendo jóvenes contemporáneos… pero Juan se está refiriendo a otro tipo de conocimiento… aquel que supuso la intervención del Espíritu Santo; que enviado por el Padre se posó sobre Jesús. Al mismo tiempo, este soplo divino, tocó las pupilas de Juan, abriéndole los ojos de la fe, para identificarle, no como el primo según la sangre, sino el cordero según la filiación divina (Hijo de Dios).

Es hermosa la imagen del Espíritu posando sobre Jesús. En esta escena hay un propósito, una misión. No es un adorno literario, sino un recurso de la pedagogía divina, para sellar la convicción y la experiencia, para confirmar la identidad nueva en un rostro tan familiar. Es desde esta revelación donde el mensaje saldrá con una fuerza no humana, sino celestial y trascendente.

A partir de la intervención del Espíritu Santo, Juan comprendió y descifró la historia, releída con memoria creyente: “Este es aquel de quien yo dije: – Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”… El Espíritu alumbró su conciencia, capacitándolo para la misión de manifestarlo en Israel.

En la actualidad se nos presenta la trampa de conocer a Jesús de oídas, por instrucción, por cultura, por tradición. Es triste una evangelización que lleve a un Jesús leído. No importa qué tan motivadores hayan sido esos párrafos que lo describan, o esas palabras asimiladas. Si no se ha tenido la experiencia espiritual, que ha quemado el corazón y lo ha purificado, entonces no se llevará ni se testimoniará a la persona de Jesús, se llevarán las ideas.

Señor: nosotros queremos pedirte la gracia para ser hombres y mujeres contemplativos. De esos que van por la vida con los ojos despiertos para identificar tu Santo Espíritu posarse sobre personas escogidas para llevar adelante tu misión. Necesitamos conocer de nuevo, desde la fe, a quienes nos han rodeado desde siempre. Ayúdanos a darnos la oportunidad de tener nueva la mirada y nuevo el amor. Señor, y con este conocimiento que nos reveles deseamos llevarlo a buen fin, porque siempre que nos dices algo esperas resonancia comprometida. Navidad es fiesta, porque ha nacido, entre tantos niños, uno que quita el pecado del mundo. No eres idea, Señor, eres persona.

  1. ¿Quién es Jesús para mí?
  2. ¿Ejercito el silencio contemplativo para descifrar las señales del Espíritu Santo?
  3. ¿Puedo decir que conozco a Jesús, por qué? ¿Qué supone conocerle?
  4. ¿Desde cuál experiencia estoy hablando y llevando a Jesús a los demás?