Vie. Jul 1st, 2022

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En el mes de nuestra Madre y en su Jubileo Altagraciano

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Estamos en el mes de la Virgen María. Por tanto,  dedicar estas líneas a nuestra Madre y Protectora como hicieron los cursillistas en su reciente Ultreya es justo y necesario.

La razón, me refiero a María de la Altagracia, madre de nuestro Señor y madre nuestra (en esta bellísima advocación particularmente de los dominicanos, de la tierra bendita de América, cuna de la cristiandad en el continente de la esperanza.

Ella que en innumerables ocasiones ha intercedido a nuestro favor.

Los colores de su sagrado lienzo son los mismos de nuestra bandera dominicana. Según nuestros historiadores, el día 16 de julio de 1838, lunes, día del Triunfo de la Santa Cruz y del movimiento revolucionario redentor de todos los dominicanos le fue puesto a Duarte en el pecho, por su madre Manuela Diez y Jiménez, un mullido y pintado detente, con la imagen de la Virgen María en su advocación altagraciana, trajeada aquella con los colores que iban a ser los dominicanos.

Queremos destacar que la imagen de Nuestra Señora de Altagracia tuvo el privilegio especial de haber sido coronada dos veces, única advocación en el mundo que disfruta de esa gracia.

El 15 de agosto de 1922, en el pontificado de Pío Xl y por el Papa Juan Pablo II, quien durante su visita a Santo Domingo, el 25 de enero de 1979, coronó personalmente a la imagen con una diadema de plata sobredorada, regalo personal suyo a la virgen, primera evangelizadora de las Américas.

Y precisamente en el año en que nos encontramos, en la celebración del centenario de su primera coronación como Reina y Protectora de nuestro pueblo por Monseñor Adolfo Nouel y en representación del Papa de entonces, Monseñor Vasconcelos frente al Altar de la Patria en nuestra ciudad colonial.

Nuestro pueblo lejos de olvidarla, la busca, venera y celebra.

El pasado 21 de enero, fecha sagrada del calendario nacional, se celebró por aire mar y tierra la fiesta de Nuestra Señora de la Altagracia.

Este gran acontecimiento sin precedentes en nuestro país y tal vez en el globo terráqueo fue producto del gran fervor suscitado en este año jubilar en que el nuestro pueblo dominicano conmemora los 100 años de haber coronado a la Virgen María como su protectora.

La devoción por la Virgen de la Altagracia de las primeras de América, tiene la particularidad de que en su imagen está representada la Sagrada Familia y que en el tiempo en que vivimos la familia, célula vital de la sociedad debe ser protegida desde los cimientos de la fe, y los valores cristianos del amor, la unión y la solidaridad.

Es importante resaltar que esta celebración fue realizada con un gran amor en todas las parroquias del país (novenas, adoración eucarística, cito a la que participé, el Santuario Arquidiocesano de Santo Domingo donde el Santísimo estuvo expuesto ininterrumpidamente 7 días y 7 noches, vigilias en la que resalto de forma particular la de Higüey que fue transmitida por los medios y lo más excelso, las celebraciones de la Santa Eucaristía.

El homenaje a la Virgen se desbordó en todos los niveles: sector público y privado. La población en todas las edades, desde niños, jóvenes, adultos y mayores participaron atentos para recibir la bendición del Santísimo Sacramento (JESÚS EUCARISTÍA) llevado por sacerdotes a pie bendiciendo a nuestro territorio y a nuestras fortalezas (tierra), por aire (helicópteros y aviones de nuestras fuerzas armadas y sector privado.

No hay forma de explicar en palabras la emoción que se sintió al ver pasear por nuestra tierra, nuestros Aires y nuestro mar al mismo Dios presente en la Eucaristía bendiciendo a su pueblo.

Él, Rey de Reyes, Señor de Señores el primero en honrar a su Madre y con Ella llenar de amor y consuelo a nuestra gente.

Gracias a nuestros Obispos, sacerdotes y laicos por su respaldo, quien en Monseñor Grullón presidente de la Comisión Episcopal para la celebración del año jubilar Altagraciano.

La celebración no ha terminado, el año jubilar continua hasta el 15 de agosto fiesta de la Asunción de la Virgen y a la vez fecha exacta de los cien años de su coronacion.

No puedo dejar de mencionar la gracia inmensa de este año jubilar a la cual todos tenemos acceso si nos disponemos a ello. Se trata de recibir la indulgencia plenaria al peregrinar espiritualmente en un movimiento espiritual de conversión y confesión sacramental y acudir a un templo jubilar designado por nuestros obispos.

Los hay en todo el territorio nacional, (en Santo Domingo voy al Santuario de la Altagracia en la zona colonial que tiene misas diarias a las 7:00 pm y en domingo a las 8:00 am y 10:00 am., y participar activamente en una Eucaristía recibiendo al Cuerpo de Cristo, pidiendo por las intenciones del Papa. Lo maravilloso es, que podemos recibir una por día durante este año jubilar y una vez ofrecida por nuestra propia alma, ofrecerla por algún ser querido que haya partido de este mundo.

El efecto de esta gracia en nuestra alma es una purificación total de la misma.

Ya ven, nuestra Madre, Virgen de la Altagracia, sigue mediando para que las gracias celestiales nos restauren por dentro.

Asimismo y en este mes de mayo, la ciudad colonial esta de jubilo total en su honor celebrando también actividades culturales para Ella y que puedan disfrutar nuestras familias. Quiero resaltar una actividad muy linda y gratuita que se harán para los niños, un taller de pintura para ellos el 21 de mayo de 10 am a 12 m en el museo de la Familia ubicado en la Casa de Tostado con un bellísimo libro de colorear que se titula La niña que comparte su regalo. 

Aprovechamos este espacio para compartirles en la imagen anexa los detalles de la programación completa para el disfrute de todos.

¡Ave Maria, Gratia Plena!