Jue. May 23rd, 2024

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Ser padres

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El Día del Padre es una fecha idónea para reafirmar la responsabilidad y el compromiso de ser padres en un país en el que casi el 50 % de los hogares está constituido por mujeres cabezas de familias por razones de divorcio o abandono de los hijos por parte de los hombres.

Recuperar el rol de la paternidad no solo es necesario para el desarrollo psicosocial de los hijos, sino también para la cohesión social. La figura paterna es clave para la construcción de personas emocionalmente estables y seguras.

Cualquiera puede engendrar una criatura, pero convertirse en un verdadero padre va más allá de la procreación y la provisión. El padre es aquel que sostiene, apoya, cuida, educa, y, sobre todo, ama.

El modelo de la paternidad perfecta la encontramos en Dios Padre. Las Sagradas Escrituras nos muestran los atributos que, siguiendo el modelo del Padre por Excelencia, todos los padres están llamados a encarnar. La paternidad de Dios es fiel, es misericordiosa, tiene predilección por los más vulnerables y promueve hermandad.

Padre Fiel:

Dios es un Padre fiel, nunca abandona a sus hijos. En ÉL, el llamado a la fidelidad de los padres de hoy se expresa en preservación de la familia y en la renuncia a seducciones que destruyen el matrimonio y su estabilidad. Ser un padre fiel es construir un hogar que se sustente en el amor incondicional y el sacrificio, no en las apariencias.

Padre Misericordioso:

La paternidad debe vivenciar la misericordia de Dios. Ese Padre que se enternece cuando su hijo perdido aparece y no degrada su condición por ninguna circunstancia vivida. La condición de hijo nunca se pierde. El padre misericordioso es aquel que siempre perdona, no guarda cuentas y promueve resiliencia y fortaleza frente a la adversidad.

Padre de Vulnerables:

La paternidad de Dios se evidencia con mayor preponderancia en aquellos que son más vulnerables. Él es padre de huérfanos, defensor de las viudas, esperanza para el desvalido y refugio y consuelo para el que sufre.

Seguir el ejemplo de la paternidad de Dios es justamente la predilección por los hijos que sufren situaciones de dificultad. Es en el dolor donde más se expresa la necesidad de un padre que comprenda, acepte y ame.

Padre de todos y todas:

Vivir la paternidad es crear fraternidad, no sólo en la familia, sino en toda la sociedad. Un buen padre se compromete también con los hijos ajenos porque, además de cumplir el deber moral de la bondad, todo el bien que se hace es herencia y bendición para su descendencia.