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La vida no tiene favoritos

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Dice Ambrad Chalela, en su libro “El secreto de la innovación”, que un innovador se enamora del problema, nunca de la solución, porque cuando se enamora de la solución, a la primera dificultad sucumbe; sin embargo, al enamorarse del problema se realizan intentos continuos hasta alcanzar la meta.

Cuando la persona se enamora de lo difícil para lograr una meta todo le parece sencillo, suave y apasionante. Digámoslo con una frase de Alva Edison: “No fue un intento fallido, fue un invento de mil pasos”. Esta es una expresión que confirma la importancia de la autodisciplina.

Por su parte, sostiene Raimon Samsó en su libro “El poder de la disciplina” que a la base de todo está la autodisciplina. La persona disciplinada se apoya en ritos que luego se traducen en hábitos que, a su vez, son como la segunda piel, parte del ADN y un estado mental. Además, los ganadores posponen la satisfacción inmediata por un mayor beneficio en el futuro. Sabe que a mayor dificultad mayor es la recompensa. Así piensan y actúan las personas maduras. Regularmente, una persona con voluntad llega más lejos que una inteligente.

En este nuevo año invito, al amable lector, a traducir la autodisciplina en hábitos para construir una vida nueva. Esto exige cambios importantes en el modo de ser, en el carácter para no obtener los mismos resultados. Ayuda en ello: leer biografías de santos, de líderes que han descollado en la historia por sus innovaciones.

A las ideas innovadoras e importantes no se les da larga, se inicia escribiendo las primeras líneas, elaborando un proceso, adquiriendo herramientas, informándose, consultando a personas de experiencia. Dar un paso tras otro, sin detenerse, ofrece luces nuevas. Siempre que tengas una intuición, actúa, sin esperar tener todo a mano para iniciar. Querer comprender antes de actuar puede ser una trampa. La autodisciplina misma va ofreciendo una especie de sincronicidad en el logro de tales metas. Hay que actuar porque, definitivamente, la vida no tiene favoritos.

El miedo a perder nunca ha de primar en la vida, se ha de actuar con la confianza de ganar. Partiendo desde el compromiso con las metas, dirigir todos los esfuerzos al logro de los objetivos; y, todas estas metas increíbles se logran con autodisciplina. Decía santa Teresa de Calcuta que “la disciplina es la mejor amiga del individuo, porque ella le lleva a realizar los anhelos más profundos del corazón”.

Al ser disciplinado te conquistas a ti mismo para realizar la misión de servir a los demás. Sirve en lo que más te agrada, dando a los demás lo que necesitan, y, lo que tú puedes dar. Si lo haces con amor no tendrás problema de ser disciplinado. El servicio que es expresión del amor es la mejor forma de someter el ego; ya que este se diluye en el amor.

En definitiva, la disciplina no es más que “hacer lo necesario, el tiempo que sea preciso, para conseguir el mejor resultado”. Y, cuando lo logras, vuelves a empezar.