Jue. May 23rd, 2024

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La muerte de Esmeralda y el abuso infantil

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La muerte de la adolescente Esmeralda Richiez nos vuelve alertar sobre el abuso infantil y como este mal se sigue ensañando contra las personas menores de edad en nuestro país.

La Ley 136-03 refuerza la protección contra el abuso infantil. Sin embargo, esta realidad sigue creciendo y echando raíces profundas.

El abuso a los niños y a las niñas se convierte en abuso institucional cuando la negligencia o la impunidad dificultan la aplicación o las medidas administrativas o judiciales para prevenir esta vulneración de derechos.

La prevención es el remedio a la enfermedad del abuso infantil. La prevención primaria incluye las acciones y mecanismos que contribuyan a evitar que el hecho le ocurra a un niño o niña en particular o a todos y todas las de una comunidad o Estado. Ejemplo de este tipo de prevención son la disciplina positiva y el autocuidado.

La prevención secundaria se dirige a poblaciones en riesgo social y personal que por una determinada circunstancia en que viven pueden ser más vulnerables.

Según los estudios, en esta condición pueden estar los niños y niñas institucionalizadas, los que están en situación de calle o trabajan o los que tienen alguna discapacidad, entre otros. La prevención terciaria se aplica una vez que ha ocurrido el abuso para evitar que ocurra de nuevo o se den situaciones que contribuyan a revictimizar al niño o niña que ha sido abusado.

Urge la concienciación a todos los niveles. También reforzar las campañas asociadas a tolerancia cero contra el abuso y la explotación sexual, partiendo de que somos un país turístico.

Es necesario capacitar a profesores, líderes comunitarios y de iglesias en la identificación y atención de este flagelo para que puedan prevenirlo o denunciarlo.

A nivel de las familias el reto es mayor. El seno familiar es el primer ámbito de protección infantil. Protegemos a nuestros niños y niñas cuando los enseñamos a cuidarse del abuso.

Que aprendan que su cuerpo es suyo y que ninguna persona, aunque sea un familiar, vecino o amigo, tiene derecho a tocarlos, besarlos o manosearlos de forma que le haga sentir incómodos o avergonzados. Enseñarles a decir no si esto les ocurre y a no guardar secretos que los destruyen.