Mar. Abr 16th, 2024

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República Dominicana, religión y cultura de paz

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Conscientes de que la cultura de paz, no es un concepto abstracto o irrealizable; que es la opción de vivir procurando relaciones amistosas con los demás; que es una filosofía de vida posible en la medida que cada uno de nosotros esté dispuesto a mostrar su humanidad y compartirla con los otros.

En ese orden, la religión ha constituido en la República Dominicana, una importante fuerza propulsora de una cultura de paz. Esto lo acentuamos, por las numerosas iniciativas, en las cuales actores, motivados religiosamente, se comprometen e involucran en diversos conflictos de diferentes índoles, buscando y promoviendo una solución pacífica, alcanzando en no pocos casos, notables éxitos.

Dado lo anterior, procedo a reflexionar acerca del rol de la religión en la consolidación de la paz, ajustándose al contexto dominicano, en tres enfoques:

A) Estilo o filosofía de vida

Desde la religión, se ha venido planteando que la paz como filosofía de vida está implícita en la forma de ser del hombre. Y que la paz no llega sola, se debe creer en ella desde las profundas llanuras fértiles del corazón. Dicho en palabras de Pablo VI: ¨la paz comienza en el interior de los corazones¨.

Por lo tanto, no es una utilidad artificial de una sociedad artificial. Debe ser un propósito real, fecundo y profundo que se viva desde adentro hacia afuera, y que se cultive cada día desde el ejemplo de vida.

Como contribución a la paz, la religión en la República Dominicana juega un papel preponderante en la cohesión social. La misma contempla la esencia del ser humano como un valor absoluto (la condición de creatura, procedente de Dios); que a la vez que nos abre al misterio, nos hace comprender y valorar el carácter sagrado y supremo que tiene el respeto a la vida humana.

En ese sentido, está jugando su rol en la sociedad de contribuir a una sociedad justa y de paz, a través de diversos procesos y acciones sociales, desde la visión del respeto y defensa de la dignidad humana.

Por lo que resulta ser muy esperanzador, observar el involucramiento de las diferentes denominaciones religiosas en promover una cultura de paz, a través de la educación; a pesar de los retos y desafíos que está generado esta amenazante cultura de la violencia.

Es que para ganar la paz hay que educar para la paz; esto va en consonancia con lo que se refirió Johan Galtung, cuando dijo que: “Educar para la paz, es enseñar a la gente a encararse de manera más creativa, menos violenta, a las situaciones de conflictos y darle los medios para hacerlo”.

B)  Su papel en la Resolución alternativa de conflictos, asumiendo como método la mediación a través de la herramienta del diálogo para la concertación social en la República Dominicana.

Uno de los roles esenciales y prácticamente determinantes de la religión, en la República Dominicana, ha sido su misión de la mediación y la concertación social.

Pudiera referirse a cualquier otra denominación religiosa, pero a modo de ejemplo, me referiré a la Iglesia Católica, la cual ha sido la más preponderante en dicha dinámica. Esta, a pesar de circunstancias complejas y difíciles ha pasado a ser un elemento de armonía, reencuentro, una mediadora en conflictos, tanto sociales como políticos.

Como punto de inicio para describir su rol, podemos partir como referencia la Era Colonial, precisamente en el último Domingo de Adviento de diciembre de 1511, con el Sermón de Fray Antonio de Montesinos, considerada la primera reclamación en lucha por los derechos de gentes en América.

En los años ochenta, la transición a la democracia y la transformación socioeconómica, proporcionaron el marco oportuno e histórico a los líderes religiosos como mediadores políticos por excelencia en la República Dominicana, a instancia de la sociedad.

Cabe identificar su rol en el año 1985, cuando promovió el Diálogo Tripartito (entre el gobierno, empleadores y trabajadores) que hizo posible el nuevo Código de Trabajo, promulgado en 1992 y que puso fin a una situación de conflictos complicados y permanentes entre trabajadores y empleadores. Estos diálogos coadyuvaron a una paralización y disminución de huelgas laborales en el país.

Asimismo, haber participado y promovido iniciativas como el Pacto de Solidaridad Económica de 1990, el Acuerdo de la Comisión de Educación que puso fin a una huelga de maestros y representó importantes conquistas para el Magisterio Nacional en 1991.

También la Agenda Nacional concertada entre la sociedad civil y los partidos políticos en 1993, en donde se acordó en ese momento histórico, mejorar, por ejemplos: El escaso desarrollo de una cultura democrática, la disfuncionalidad de la justicia, poder municipal diluido y erosionado, la poca capacidad de reacción de la sociedad ante los problemas, el afianzamiento de los mecanismos de participación ciudadana.

De igual manera, su aportación en el Acuerdo por una Campaña Electoral en un Clima de Paz, el Pacto de Civilidad y el Pacto por la Democracia en 1994, que posibilitó la superación de una crisis política que mantenía al país al borde de la ingobernabilidad y de caer en un vacío institucional.

Resaltar en este punto que los partidos políticos y el gobierno acordaron invitar a otras instituciones religiosas nacionales, como, por ejemplo: la Confraternidad Evangélica Dominicana (CONEDO) y el Consejo de Unidad Evangélica (CODUE).

Otros logros de la concertación social son las reformas al sistema electoral en 1992; los códigos arancelarios y tributarios en 1992; y el acuerdo entre los partidos políticos mayoritarios para superar una crisis política alrededor de la Junta Central Electoral en marzo de 1999.

Importante destacar, que tanto en los períodos de los gobiernos que van desde el 1996 al 2004, fueron invitados también líderes de distintas denominaciones religiosas a participar en mediaciones políticas.

Asimismo, cuando se realizó el Diálogo Nacional (El 19 de noviembre de 1997 mediante el decreto 489/97 se crea y conforma la Comisión Organizadora del Diálogo Nacional), se invitaron a todos los líderes de diferentes denominaciones religiosas a participar en el mismo. También, se involucraron activamente en los debates que condujeron a la reforma de la Constitución.

Resaltar como punto luminoso que la participación de representaciones de distintas denominaciones religiosas en la mediación política, desde mi óptica y análisis, ha sido muy fructífera.

C) Como generadoras de planes, programas, políticas públicas para la transformación de la realidad y la construcción de la paz.

Para la efectiva construcción de la paz, es necesario colmarla de contenidos y esto conlleva movilización social, cambios institucionales, pluralismo y educación, instituciones incluyentes, comunicación efectiva y no violenta, inversión social, voluntad política de transformación social; y todo esto lo podemos alcanzar con el diseño y aplicación de políticas públicas transversales y efectivas.

Las denominaciones religiosas en el país, en diferentes momentos contemporáneos, sin pretender sustituir el Estado, han levantado sus voces; a fin de que el Estado enfoque esfuerzos y atención a problemas o situaciones que requieren soluciones como, por ejemplo:

La indiferencia e insensibilidad ante el rostro amargo e inhumano de la pobreza, la desigualdad social, la descomposición familiar, las enfermedades, la degradación del medio ambiente y los recursos naturales, la corrupción, la criminalidad, el racismo, la prostitución, el narcotráfico, la explotación del ser humano, el desempleo, entre otras crudas realidades.

Los medios de los que se han valido, es a través, de cartas pastorales, de parte de la Conferencia del Episcopado Dominicano, (como expresión institucional utilizada para iluminar y explicitar algún acontecimiento significativo); o evento como La Batalla de la Fe; o a través de prédicas, homilías, el sermón de las 7 palabras, pronunciamientos públicos, reuniones gubernamentales, entre otras vías utilizadas.

Esta mirada de cuidado y responsabilidad colectiva sobre el bien común se le ha denominado como «justicia social», en el doble sentido de dar a cada uno lo que le es debido en justicia, como también, velar para que el vínculo de sociabilidad entre las personas sea en sí mismo justo y digno de ellas.

Ahora bien, estas religiones, no se han concentrado meramente en tan solo demandar; las mismas a su vez, se han involucrado en llevar acciones, programas e iniciativas sociales diversas a la humanidad necesitada; haciéndose presentes en la sociedad, con sus integrantes y en sus estructuras, para orientar y promover el bienestar y el desarrollo integral del hombre.