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Superar el Maquiavelismo

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Nicolás Maquiavelo fue el apologista del absolutismo monárquico, un hombre de su época. Sus ideas sustentaron el origen de una sociedad organizada a partir de la centralización política, las naciones con ejércitos propios y la unificación de los Estados europeos.

Aunque Maquiavelo fue un hombre de su época y sus principios aplican para los regímenes absolutistas, muchos políticos todavía lo admiran y los siguen como guía del ejercicio político.

Si queremos una política basada en la ética hay que superar el maquiavelismo, liberar la política de las apariencias y basarla en principios, comprender que no todo vale para conseguir y mantenerse en el poder, desterrar el personalismo y asimilar que la política es el medio para mejorar al pueblo, no un fin en sí mismo.

Superar el maquiavelismo político:
Para mejorar la práctica política en el país hay que acabar con el cinismo, el descaro y la tendencia a manipular las cosas y a las personas con el único propósito de lograr ventajas políticas o personales.

Liberar la política de las apariencias y el engaño:
Maquiavelo recomendaba al príncipe gobernar bajo las apariencias y el engaño. Todavía muchos creen que gobernar o hacer política es hacer creer al pueblo lo que no es. En política se aparenta de todo siempre que la pose aporte réditos en campaña o suba los niveles de popularidad.

No todo vale para conseguir el poder y mantenerse en él:
El consejo de Maquiavelo de que vale todo con tal de conseguir o mantenerse en el poder ya no es válido. El que hace lo indebido para llegar a gobernar lo que deja es huella de deshonra para sí mismo y para su familia.

Desterrar el personalismo político:
En los tiempos de Maquiavelo el personalismo se asociaba al poder mismo. En la democracia no. El que gana unas elecciones tiene que recordar que el poder es efímero. Que gobernará por un tiempo y, como empleado del pueblo, le pedirán cuentas por lo bueno o lo malo que hizo.

Asimilar la política como medio, no como fin:
Superar a Maquiavelo implica dar otro sentido a la política. Ningún fin justifica medios ilícitos. La política o el poder no es un fin en sí mismo. Es un medio para resolver problemas, mejorar la sociedad y hacer posible el bienestar y la justicia.