Dom. Abr 21st, 2024

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Cuando los niños oran

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Iniciamos el mes de Junio, cuando la Iglesia celebra grandes fiestas: los Sagrados Corazones de Jesús (que el mismo Jesús le reveló a Santa Margarita de Alacoque) y de María, las cuales resaltan su gran amor por la humanidad y que según el calendario romano general cae el viernes que sigue al segundo domingo de pentecostés, y la fiesta del Sagrado Corazón de María, justo un día después, sábado día de la Virgen.

Y es que la misericordia divina se derrama en ellos. Contemplarlos provoca el hecho irresistible de amarlos.

Aprovechamos el espacio de hoy para hacernos eco de un gran llamado, la evangelización de los niños.

Jesús lo dijo muy claro y en  Las Sagradas Escrituras están estampadas sus palabras: «Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis; porque de ellos es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño no entrará en él».

Y así su Madre, aún luego de pasar su vida temporal en esta tierra hace un llamado continuo a la humanidad a través de los niños, almas limpias que si son llevados por el camino del encuentro con Dios se hacen instrumentos portentosos de su gracia. 

Sus múltiples apariciones de esta manera lo evidencian. Basta que contemplemos Fátima, el 13 de mayo 1917 en Cova de Iría cuando nuestra Madre se les apareció a tres niños: Francisco, Jacinta y Lucia y les exhortó a la conversión y a orar por la paz del mundo.

Gracias al acogimiento de estos niños a la petición de la Virgen para hacer sacrificios y rezar el Rosario, la Virgen pudo salvar a Portugal de la Segunda Guerra Mundial. Con justa razón San Pío de Pietrelcina decía: “Los niños salvarán al mundo e invitaba a formar nidos de oración de niños. 

Y es que el poder de los niños en el mundo del espíritu es inmenso, porque están totalmente abiertos a la acción de la Gracia. Más, es necesario que sean guiados hacia la Luz, esto es por medio de Jesús y María. Como explica la Armada Blanca, movimiento de consagración de los niños a la Virgen de Fátima, los niños se guían hacia Jesús con la Comunión y la Adoración Eucarística; y hacia la Virgen con la consagración a su Corazón Inmaculado y con el rezo del rosario.

Los niños que tienen a Jesús en el corazón y el rosario entre sus manos son los pequeños David que enfrentan al mal y lo destruyen. Recordemos que David era apenas un niño cuando se enfrentó y ganó a Goliat, el gran guerrillero filisteo quien buscaba esclavizar al pueblo de Israel. 

El Papa Pablo VI quien ha sido canonizado habló así a los niños: “Si ustedes rezan, sin duda el Señor los escucha.  Su voz inocente posee una fuerza de atracción superior a aquélla de los adultos”. 

San Juan Pablo II profetizó en la audiencia del 17 de agosto de 1994: “Tendremos Apóstoles entre los niños”.

Unámonos a este común interés de propiciar la misericordia del Padre para atraer la paz del mundo con la intercesión de las inocentes almas de estos pequeños y a la vez grandes apóstoles del nuevo milenio y ensenémosles a orar y a acercarse a nuestro Padre bueno y Dios todopoderoso.  

Es de todos conocidos que grandes males afectan y amenazan con destruir la humanidad. El objetivo demoniaco de abrirles las puertas al aborto, el avance en permear en la mentalidad de estos inocentes de la malsana ideología de género, las guerras, etc. hacen imperioso que sobre todo los padres, catequistas, profesores, comunicadores iluminen el caminar de los pequeños. 

Se hace urgente la gran misión de ayudarles a vivir el encuentro personal y comunitario con Cristo, iniciarles en el camino de la fe, bautizarlos, prepararles para los sacramentos de la reconciliación y de la primera comunión, y enseñarles a amar a Maria invitándoles a que caminen junto a ellos y a orar con Ella el santo Rosario por nuestra conversión y del mundo entero.

«Que los niños sean considerados como dones preciosos de Dios, a los cuales se debe respeto, comprensión y amor». San Juan Pablo II.