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Éxito = preparación + oportunidad + autodisciplina

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Tengo la sensación de que buena parte de los dominicanos creen mucho en la suerte, llegando a hacer de esta una especie de deidad. Además, existe la pseudo-convicción de que esta es una especie de tómbola donde hay afortunados y desafortunados. Sin embargo, el éxito, la autorrealización y la santidad no tienen nada que ver con la suerte que popularmente se promueve. En efecto, decía Séneca que “la suerte es lo que ocurre cuando la preparación coincide con la oportunidad”. Significa que, las oportunidades no vendrán a nosotros, hay que movilizarse hacia ellas; hay que abandonar esa práctica de movernos en círculos, porque no propicia las oportunidades.

El éxito de una persona o de una institución dependen de la perfecta unión entre oportunidad, preparación y autodisciplina; cuando se nos plantea una ocasión beneficiosa, si no estamos listos para actuar, perderemos toda opción.

Tengo la impresión, espero estar equivocado, de que en el imaginario colectivo de las nuevas generaciones y de las no tan nuevas, no fundamentan el éxito y la autorrealización en el estudio que culmina con una especialización profesional, para insertarse en un buen trabajo y posteriormente, materializar la posibilidad de constituir una familia estable. Pero todo ello es fruto de autodisciplina y de preparación.

Pareciese que hoy se lucha por evadir todo esfuerzo, compromiso y autodisciplina para dar paso al idealismo mediocre de las cosas fáciles a corto plazo, pretendiendo implantar la mentalidad de cosechar sin plantar. Así se comprende la práctica desafortunada de obtener un título académico falso, sin importar las consecuencias morales, profesionales y sociales, echando por la borda los valores, los principios y no se diga, las virtudes.

Realmente, hemos de ser pacientes y esperar la oportunidad propicia, y mientras acontece esto hay que sembrar la semilla, llegado el momento, se aprovechará la circunstancia para lograr el propio objetivo. Es preciso, pues, estar listos para no perder el tren, usando nuestro bagaje y nuestras capacidades para obtener el máximo beneficio de una situación propicia.

Hay que prepararse, informarse, conocer, investigar y estudiar para percibir mejor las oportunidades. No esperar a que la información golpee a la puerta de tu casa. Capacitarte es la clave para conseguir lo que se anhela. Para encontrar la oportunidad, hay que estar enfocado, atento y con objetivos claros. Para conseguir las metas, no basta con soñar. Hay que prepararse para estar listos.

Hay que superar esa tendencia a saltar los marcos de principios, valores culturales y religiosos en los que se erigió y sostuvo nuestra sociedad. Hoy son útiles para continuar montados en el tren del progreso, del crecimiento y de las transformaciones tecnológicas que nos convertirán en un país avanzado.

Creer en la suerte es dejar a la deriva la increíble cantidad de recursos que poseemos para alcanzar lo que queremos. Cuando decimos que “tuvimos suerte” estamos ocultando el historial de buenas decisiones, relativas a la propia vida y a las oportunidades, que tomamos.

Es un hecho probado que nada sucede por casualidad ni por suerte.