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TOMAS MORO, SANTO, PATRÓN DE LOS POLÍTICOS Y GOBERNANTES

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“El hombre no puede ser separado de Dios, ni la política de la moral”. TOMAS MORO.

El 31 de octubre del año 2000, el papa Juan Pablo II proclamó a Santo Tomás Moro, patrón de los políticos y gobernantes, en respuesta a una idea del expresidente de la República italiana, Francesco Cossiga, surgida en 1985, y presentada como petición formal el 25 de septiembre del 2000, con el aval de centenares de firmas de jefes de gobiernos y de Estados; parlamentarios y políticos.

La fascinante personalidad de Tomás Moro explica que creyentes y no creyentes hayan suscrito la petición, acogida por Juan Pablo II, para proclamarlo Patrono de los Gobernantes y de los Políticos.
El nombramiento del Papa, contenido en un motu proprio del 31 de octubre, no podía llegar en un momento más oportuno.

En una época en la que la conciencia de los que ejercen funciones públicas parece muchas veces eclipsada, o cuando no pocos gobernantes parecen privilegiar el interés personal o de grupo sobre el bien común, la figura de Moro ayuda a recordar que, si para mantenerse a flote hay que renegar de la conciencia, es preciso elegir la conciencia.

Ya es alentador el hecho de que la proposición de buscar un modelo, un punto de referencia, haya surgido precisamente de personas que dedican su vida a la política. La idea, en efecto, según explicó uno de sus inspiradores, el expresidente de la República italiana Francesco Cossiga, surgió en 1985 por parte de un grupo de políticos y estudiosos, reunidos en el ámbito de la Asociación Internacional de Amigos de Tomás Moro.

La mentalidad laical de Moro fue subrayada por varios de los participantes en la presentación de la proclamación, que tuvo lugar en el Vaticano. El propio Cossiga puso de relieve que Tomás Moro “fue laico de vocación, no como fruto de la no-vocación religiosa, sino como elección”.

También el cardenal Roger Etchegaray, presidente del Comité Central del Gran Jubileo, describió al “autor de la extraordinaria Utopía como alguien que cultiva las artes, pero lleva el cilicio». Hombre inmerso en los asuntos públicos, pero padre atento de sus cuatro hijos, y parroquiano de misa diaria. Políticos de todas las tendencias.

Después de aquella fase inicial, la propuesta se relanza con nuevo brío hace varios años, de modo que el 25 de septiembre de 1998, Cossiga y el senador venezolano Hilarión Cardoso pudieron presentar al Papa la petición formal.

La solicitud estaba acompañada por varios cientos de cartas de adhesión escritas por personalidades de numerosos países y diversas coloraciones políticas. La pluralidad de peticionarios es uno de los aspectos que se resaltan en la introducción del documento oficial con el que el Papa lo proclama patrono. “Entre los firmantes de esta petición hay personalidades de diversa orientación política, cultural y religiosa, como expresión de vivo y difundido interés hacia el pensamiento y la conducta de este insigne hombre de gobierno”.

Y un poco antes precisa que “por el testimonio, ofrecido hasta el derramamiento de su sangre, de la primacía de la verdad sobre el poder, santo Tomás Moro es venerado como ejemplo imperecedero de coherencia moral. Y también fuera de la Iglesia, especialmente entre los que están llamados a dirigir los destinos de los pueblos, su figura es reconocida como fuente de inspiración para una política que tenga como fin supremo el servicio a la persona humana”.

Aunque el elenco de signatarios no se ha divulgado, se sabe que, junto a tres presidentes italianos, Cossiga, Scalfaro y Leone, y otros políticos como Andreotti, figuran jefes y exjefes de Estado de países como Chile, Colombia o la Confederación Helvética, el primer ministro de Portugal, el príncipe Rainero y su hijo Alberto, el ex primer ministro italiano D’Alema, etc. El Parlamento polaco es el que aporta un mayor número de firmantes.En el texto de la petición elevada al Papa: “Santo Tomás Moro aparece como el modelo ejemplar de esa unidad de vida en la que Su Santidad ha cifrado la expresión específica de la santidad para los laicos”.

En Santo Tomás Moro no hubo señal alguna de esa fractura entre fe y cultura, entre principios y vida cotidiana, que el Concilio Vaticano II lamenta “como uno de los más graves errores de nuestra época”. Ellos, en efecto, deben santificarse en la vida profesional ordinaria. Por tanto, para que puedan responder a su vocación, los fieles laicos deben considerar las actividades de la vida cotidiana como ocasión de unión con Dios y de cumplimiento de su voluntad, así como también de servicio a los demás hombres’.

A pesar de esas limitaciones, afirma el Papa, “fue precisamente en la defensa de los derechos de la conciencia donde el ejemplo de Tomás Moro brilló con intensa luz. Se puede decir que él vivió de modo singular el valor de una conciencia moral que es testimonio de Dios mismo, cuya voz y cuyo juicio penetran la intimidad del hombre hasta las raíces de su alma.

La acción de Moro pone de relieve que; “El hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral”. Esta es la luz que iluminó su conciencia.

El Papa Juan Pablo II, reiteró también la idea de que “el hombre es criatura de Dios, y por esto los derechos humanos tienen su origen en Él, se basan en el designio de la creación y se enmarcan en el plan de la Redención. Podría decirse, con expresión atrevida, que los derechos del hombre son también derechos de Dios”.

Según se afirma en la petición presentada al Papa, Moro fue “un mártir de la libertad en el sentido más moderno del término, porque se opuso a la pretensión del poder de dominar sobre las conciencias, tentación perenne -trágicamente atestiguada por la historia del siglo XX- de sistemas políticos que no reconocen nada por encima de ellos.

Fiel a las instituciones de su pueblo y atento a las lecciones de la historia, que le mostraban que el primado de Pedro constituye una garantía de libertad para las Iglesias particulares, Santo Tomás Moro dio la vida por defender una Iglesia libre del dominio del Estado.

A la vez estaba defendiendo también la libertad y el primado de la conciencia del ciudadano frente al poder civil.

Entre las razones que han favorecido la proclamación de santo Tomás Moro como Patrono de los Gobernantes y de los Políticos, el Papa menciona “la necesidad que siente el mundo político y administrativo de modelos creíbles, que muestren el camino de la verdad en un momento histórico en el que se multiplican arduos desafíos y graves responsabilidades”.

El Papa Juan Pablo II, se refiere, concretamente, a los fenómenos económicos que están modificando las estructuras sociales; a las conquistas científicas en el sector de las biotecnologías, que “agudizan la exigencia de defender la vida humana en todas sus expresiones”; a las promesas de una nueva sociedad, que exigen con urgencia “opciones políticas claras en favor de la familia, de los jóvenes, de los ancianos y de los marginados”.

Con humor inglés, Lord Alton reconoció que proponer como modelo una persona que acabó sus días en el patíbulo no deja de ser un desafío para los políticos. Pero, añadió, da luces la explicación del Papa: la santidad de Moro, “que brilló en el martirio, se forjó a través de toda una vida entera de trabajo y de entrega a Dios y al prójimo”. Lo que se puede imitar, al menos, es su vida.

Estos son los motivos, para que el Papa Juan Pablo II designara a Tomás Moro, como patrón de los políticos y los gobernantes, a festejarse el día 22 de junio, de cada año.

José Gómez Cerda
Santiago de los Caballeros.