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El salterio mariano

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Entre los cristianos católicos, hasta hace algunas décadas, se realizaban en la familia una serie de prácticas religiosas tradicionales, sencillas, y sacramentales que generaban una cultura y una pedagogía de la fe, haciendo posible el primer anuncio o kerigma. Igualmente, se ha comprobado en la familia una merma, significativa, en la solicitud de los sacramentos de iniciación cristiana (Bautismo, Eucaristía y Confirmación) en las parroquias.

El descuido o debilitamiento de tales prácticas ha generado insensibilidad e indiferencia religiosa, atrofiando o paralizando el crecimiento de la inteligencia espiritual de los católicos. La religión queda desplazada a los márgenes de la sociedad. Sin lugar a dudas, esto tiene unas consecuencias desastrosas para el fenómeno religioso, vaciando de contenido las creencias, las prácticas, las experiencias y normas propias del catolicismo. Dando como resultado un estilo de vida en el cual Dios no está presente alumbrando la existencia.

Hay que volver a redescubrir el valor de dichas prácticas. La escuela católica, las diócesis, las parroquias y las instituciones religiosas tienen una tarea urgente y ardua en la personalización de la fe a través de un proceso gradual que incluye etapas de formación. Se necesita acompañar la fe y ayudar a madurar como personas.

Les propongo una práctica sencilla que se puede formalizar en familia, en la escuela, en el grupo juvenil y personalmente. Me refiero al Salterio mariano o rosario de la bienaventurada virgen María.

Salterio porque las 150 Ave María correspondían a los 150 salmos de la Biblia. De hecho, los monjes no alfabetizados, al no saber leer los salmos, se limitaban a rezar el rosario. El rosario es una forma universal de oración sencilla y eficaz que conecta a la persona con Dios. Los papas se han interesado mucho por esta oración. Por ejemplo: Gregorio XIII instituyó la fiesta solemne del rosario; Pio V dice que es una oración al alcance de todos y fortalece en las dificultades. De Gregorio XII a León XIII son muchísimos los documentos relativos al rosario. A este último, León XIII, se le llama el “papa del rosario”, igual que a Pío V.

Es en este tiempo cuando se consagra el mes de octubre a esta oración. Pío XII escribió una encíclica y ocho cartas sobre el rosario. Era la oración favorita de san Juan Pablo II; el papa Francisco dice que “es la oración de su corazón”.

Pero, ¿qué es el rosario?, es la síntesis de todo el evangelio, meditación de los misterios de Jesús; una oración meditativa; nos obtiene la paz y es defensa y alimento de la fe; una escalera para subir al cielo; es, igualmente, oración mental y vocal; es equivalentemente plegaria que alaba, implora y adora, repleta de contenido bíblico; es el credo hecho oración; es la escuela con María porque con ella se aprende y se vive el misterio de la salvación.

Es una oración teológica, evangélica, cristológica, eclesiológica y espiritual. Además, es: sencilla, pedagógica, promueve la contemplación, respeta los ritmos de la vida y es creativa. Nos vincula con Jesús y con María.