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Emaus Santo Domingo convoca a su primer encuentro ¡Testigos del Resucitado!

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Hermandad Emaús-Hombres de SD, hará jornada de oración y de testimonios.

La Hermandad Emaús-Hombres de la Arquidiócesis de Santo Domingo, realizará el primer encuentro ¡Testigos del Resucitado!, en el que más de un millar de hombres darán testimonio de su fe cristiana, y orarán a la vez, para que la paz y la armonía entre los dominicanos, diga presente en los próximos procesos electorales.

El encuentro sera el domingo 9 de febrero en el auditorio Colegio Quisqueya a partir de las 8:30 am. Están convocados todos los que pertenecemos a Emaus en la Arquidiócesis de Santo Domingo.

A tales fines y para animar a la participación masiva compartimos el testimonio del hermano UTO Sánchez, Coordinador General de la hermandad de Emaus de la Arquidiócesis de Santo Domingo.

Testigo del Resucitado!

Para que otros crean.

Tras aquel otrora encuentro con el amigo Jesús, uno de esos días de mi vida loca; tras conocer los detalles de aquel particular niño nacido en Belén, y enviado por Dios, que creció, se hizo grande, y pasó el resto de sus años haciendo el bien, sanando enfermos, restaurando corazones, e invitando al arrepentimiento y a la conversión… Tras conocer a este Jesús, y adentrarme en su pasión, muerte y resurrección, y luego descubrir las razones de aquella cruel entrega, de aquel incomparable sacrificio, y lo que Jesús pagaba, mediante su inmolación; tras saber, y aún sin entender, que lo hizo y lo sigue haciendo cada día en el altar, por el gran amor que me tiene, y porque necesitaba mantenerme a su lado, a fin de salvar mi alma…, no obstante todo ello, y tras caer en cuenta que, si había alguien en este mundo que necesitaba el auxilio de otra persona, para que le protegiera, ese era yo. Confieso que era, soy y seguiré siendo yo quien necesitaba, en aquel tiempo de mis inicios en la fe, del Crucificado en aquel monte Calvario.

Tras entender que para lograr perseverar a su lado, luego de conocerle y de creerle, tenía que tomar la seria y firme decisión de serle fiel, no sin antes aceptar dejarlo todo por su causa. Tras dimensionar que tenía que amarle, seguirle y proclamarle a viva voz, si deseaba vivir en mi mente, en corazón y en espíritu, la vida del Resucitado, si deseaba ser coherente con todo lo que aquel divino Maestro había vivido y me había enseñado, de ahí mi deseo de ratificar ante Dios, ante los míos, ante los demás hombres de este mundo, y ante mí mismo, la gran necesidad del Hijo de Dios, y mi firme decisión de continuar siendo su fiel testigo; testigo de su misericordia y de su inmenso amor!

Hoy confirmo mi decisión de continuar siendo embajador de su amor, mensajero de su Palabra, de su entrega y de su sacrificio por mí y por los demás. Hoy quiero seguir siendo vocero de sus promesas de salvación y de vida eterna, promesas hechas, no solo para mí, sino también para miles de personas sedientas de él, ¡aun cuando ni le conozcan! Confieso que seguiré proclamado el santo Nombre de aquel ser humano y divino a la vez, que ofrendó su vida para redimir mis culpas, y para rescatarme de la fosa cenagosa, condiciones indispensables para resucitar con Él, ¡en el día final!

Y para que otros crean, no puedo permanecer callado, por ello mi deseo, y así lo reitero, de gritarle al mundo que ¡ha resucitado el Señor, y yo soy testigo de ello! Yo le vi, me encontré con Él, más bien, Él se encontró conmigo, como lo hizo aquel día, cuando se encontró con los discípulos de Emaús [Lc.24: 13-35]. De veras que sueño  acompañándole a donde quiera que vaya. Sé, desde aquella otra aparición a más de 500 hermanos [1Cor.15:6], que hoy, miles de hombres y mujeres se suman al noble deseo de estar junto a él, también los hombres y mujeres de Emaús anhelan amarle y servirle, anhelan testificar, en cada momento y llenos de orgullo, que ¡en verdad ha resucitado el Señor!

Tras hacerme acompañar por aquel aparente desconocido, un día lleno de muchas incertidumbres, y luego de meditar y recapacitar profundamente sobre el detalle de que, así como Jesús eligió a Pedro y a Pablo, y a muchos más, también a mí me eligió para una misión muy en particular, y es el ser testigo suyo y de su Evangelio de amor, mediante la acción del Espíritu Santo de Dios, que santificar cada segundo de mi vida, y cuasi por ósmosis, coadyuvar par que otros también se conviertan y santifiquen. En definitiva, también a mí me eligió para servirle de todo corazón, a través del servicio a mis hermanos y a mi Iglesia. Hoy, luego de aceptar a Jesús como mi Señor y salvador, como mi mentor y mi guía, he decidido seguir siendo, ¡testigo del Resucitado por antonomasia! (677)

De esta larga reflexión, Dios siembra en mi corazón, la necesidad de organizar este Evento, con la compañía de hombres de Emaús, mis coetáneos, a fin de testificarle a miles de hombres más, que el Evangelio de Jesús, es también para ello; que el llamado a la santidad, es por igual para ellos, y que el servicio al Señor, a través de los hermanos y en nuestra Iglesia, es también para ellos. No obstante, habrá que conocerlo antes. Tengamos pues por seguro que el día de dicho Evento, pautado para el domingo 09 de febrero, nuestra sola presencia, y nuestros testimonios de vida, servirán para proclamar la más extraordinaria de todas las noticias: que Jesús venció la muerte, y que resucitó de entre los muertos, para no volver allí jamás! Tengamos también seguro, que su muerte, y posterior resurrección, no fueron en vano, y que ésta, su resurrección, nos ofrece a todos los que le conocemos, amamos, seguimos, servimos y testificamos, la fiel garantía de que resucitaremos con Él, en el día final, y que el premio por haber perseverado en su Palabra, y a su servicio, acercando a otros a su Redil, nos dispondrá disfrutar de la [corona de la vida], compuesta por las promesas de salvación y de vida eterna. (892)

 

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