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Mons. Vinicio Disla: una voz celestial

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Al conocerse la información sobre el deceso de monseñor Vinicio Disla, sacerdote diocesano de la Arquidiócesis de Santiago, la noche del miércoles 1 de abril de 2020 se plagaron las redes sociales y los medios de comunicación tradicionales de comentarios loables acerca de su vida ascética y de su labor de servicio a favor del pueblo de Dios.

“De lindo hablar”; “¡Tremendo sacerdote! ¡Qué voz tan dulce!”; “Sus homilías eran únicas”, son algunos de comentarios que abarrotaron los medios sociales cuando se hizo público su fallecimiento. Así es como el pueblo lo recuerda: “el sacerdote que canta; el Padre del dulce hablar”, otra forma de definirlo.

Tíos, hermanos y primos eran reconocidos músicos de su pueblo, por lo que el ritmo y la armonía fue algo que siempre llevó en la sangre. Desde su infancia, el padre Disla prestó su voz para las mejores causas, amenizando, junto a sus hermanos, las veladas culturales y ceremonias religiosas de su natal San José de Conuco, Salcedo, ministerio que le distinguiría y marcaría toda su vida sacerdotal. Su voz resonaba en las solemnes ceremonias litúrgicas de todo el país, tanto por su melódico canto como por la elocuencia y belleza de sus palabras al introducir o dirigir cualquier acto ritual.

El cantoral dominicano contiene piezas muy populares compuestas por la pluma de Mons. Disla, quien más que un simple propulsor era un hacedor de cultura. Música, canto, teatro, poesía y ensayo fueron expresiones culturales que le acompañaron en cada misión.

Con ese arte para persuadir y atraer con sus palabras a quienes le escuchaban, se convirtió en un referente de la comunicación en la Iglesia Dominicana. Por alrededor de medio siglo condujo el programa “El despertar del cristiano” de Radio Amistad, en el horario de 6:00 a 6:30 am. Por más de dos décadas escribió para la revista Amigo del Hogar. Y su nombre permanecerá escrito en el mural de cofundadores y directores del Semanario Católico Camino, el cual regentó por seis años.

La profundidad de su mensaje, su testimonio de fe y su predicación esperanzadora hizo que sacerdotes, seminaristas y creyentes de todas las edades le buscaran y asumieran como padre y guía espiritual. Y que, obispos y otros miembros de la alta jerarquía eclesial le tuvieran como consultor de los asuntos relevantes.

Monseñor Vinicio Disla Almánzar realizó su noviciado en La Habana, Cuba, con la Compañía de Jesús. Sus estudios de filosofía y teología tuvieron lugar el Seminario Santo Tomás de Aquino. Su ordenación sacerdotal la recibió por imposición de manos de Monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito, el 27 de junio de 1964.

Fue maestrillo, formador y rector del Seminario San Pío X, en Licey al Medio, Santiago. Fue párroco de Gaspar Hernández y de la parroquia El Rosario de Moca. También sirvió como vicario la Catedral de Santiago y trabajó en los sectores de Pueblo Nuevo y Cienfuegos, en la misma Arquidiócesis.

Ahora, ha unido su voz, su canto, al coro celestial en que todos los hombres y mujeres de fe queremos cantar.

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