Jue. Dic 3rd, 2020

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Escuela de valores: Para dar pasos firmes por la familia

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En el contexto del mes de la familia y de ‘Un paso por mi Familia’, les doy mi testimonio. Cuando Julio César y yo nos casamos el 21 de diciembre del 1986, decidimos que fuera “por la Iglesia” como tradicionalmente la gente dice. Nos casamos conscientes de lo que este sacramento significaba para la familia y la sociedad.

Tratamos de hablar con el ejemplo porque esto lo aprendimos en nuestros respectivos hogares y lo reforzamos en las diferentes experiencias espirituales que ambos hemos vivido. Hoy al mirar atrás podemos decir que poner a Dios en medio de nuestra relación fue la mejor decisión. Jesús ha estado en el centro de nuestro hogar para educar en valores a nuestros tres hijos: Emmanuel, Ariadne y Saray.

Un Paso por mi familia

Llevamos nueve años coordinando en la Arquidiócesis de Santo Domingo la Comisión de Montaje de ‘Un Paso por mi Familia’ y para esta novena versión pensamos junto a un gran equipo organizador de hacerlo virtual, valiéndonos de las plataformas digitales para llevar un mensaje de amor, esperanza, unidad, fe y solidaridad a nuestro país. Por eso le pedí a cada uno de mis hijos que nos dijeran qué valores han aprendido en la familia. Les comparto sus opiniones.

Emmanuel nuestro primogénito dice: “Crecer en una familia católica me ha ayudado a permanecer en el camino correcto en una sociedad llena de malas influencias y que cada día que pasa se aleja más del camino del Señor. Los valores inculcados por mis padres han hecho que trate a los demás con respeto siempre y a tener una disposición de servicio y ayuda hacia ellos, siempre tratando de dar el ejemplo y de construir un ambiente de paz y solidaridad.”

Ariadne que actualmente vive en Costa Rica con su esposo Álvaro y nuestra nieta Miranda Raquel nos comparte: “Haber crecido en una familia católica me ha ayudado a ver a los demás con amor, empatía y respeto. Recuerdo que cuando era muy niña tenía una amiga que quiso cambiar radicalmente su dieta porque se sentía obesa, sin embargo, no era así. Poco a poco ella fue rebajando, pero me di cuenta que, estaba haciéndole daño a su salud. Me pidió que guardara el secreto, pero viendo el ejemplo de la comunicación en mi hogar, se lo conté a mis padres”.

Prosigue: Ellos pudieron ayudar a mi amiga conversando también con sus padres. Aunque mi amiga estuvo muy molesta conmigo algunos días, luego me agradeció. Y pudimos evitar mayores problemas. La comunicación efectiva, el ambiente de solidaridad, honestidad y respeto fueron valores con los que crecí y están inculcados en mi forma de vida”.

La hija menor


Saray es la menor. Vive en Connecticut y nos expresó: “Para mí, el valor más importante que aprendí de mis padres es la confianza que ellos tienen hacia Dios y que fue transferido hacia nosotros. Eso para mí fue muy importante al elegir mis amigos y las oportunidades que tuve.

En adición, la confianza se tradujo en un sentido de empoderamiento para mí, cuidando mi salud física al tener que vivir alejada del cuidado de mi familia. Confianza en la sociedad y en la comunidad a la que pertenezco. Creando en mí una consciencia de la trascendencia de mis actuaciones en el trabajo y mis relaciones interpersonales”.

Para mis padres es imprescindible que exista una mutua confianza en las relaciones conmigo y mis hermanos y que prime un verdadero encuentro sereno y cómodo, que posibilite un enriquecimiento personal y familiar para un perfecto equilibrio armónico amoroso y autentico de respeto a los derechos y obligaciones personales, familiares y sociales”.

La familia es una escuela de valores. Nuestros hijos lo testifican. Y es solo con el ejemplo de palabras y vida que podemos lograr transmitirles nuestra fe y los valores humanos, sociales y cristianos. Como familia nos mantenemos en comunidad, agarrados de la mano de nuestra Madre María y a los pies de Jesús, orando y obrando según su voluntad. Si nosotros hemos podido, ustedes también podrán. ¡Animo!.