Vie. Abr 16th, 2021

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Sin pito y sin flauta

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Es usual en el ser humano que­rer más y más de lo que le gusta. Cuando se trata de comidas apetitosas, a veces hasta nos enfermamos del es­tómago de tanto ingerir y lue­go vienen los famosos lamen­tos y falsas promesas de ¨no vuelvo a comer tanto¨.

Otras veces, como en el ca­so de los jugadores compul­sivos, en una racha de suer­te ganan mucho dinero, pero por querer más, siguen jugan­do, y terminan perdiendo to­do. Y es que el ser humano por naturaleza es “agallú” y por ambicioso suele terminar que­dándose sin nada: es decir, sin pito y sin flauta.

Estamos en los meses pos­teriores a las elecciones y es el tiempo idóneo para descubrir quién es quién en esta época, en la que las influencias inter­nacionales quieren imponer antivalores en países como el nuestro, buscando un lucro económico a expensas de la salud emocional y espiritual de las personas.

Se quiere hacer creer que la posibilidad de elegir entre la vida y la muerte de otro ser humano, es algo que ten­dría beneficio propio, como en el aborto y la eutanasia. Se trata por esta vía de impo­ner una cultura en la que se desecha la vida de aquellos que representan una carga. Pero si vemos el ejemplo de otros países que ya han reco­rrido este camino, cabe pre­guntarse ¿Realmente ha si­do en beneficio del pueblo?

Por lo general, estos países han iniciado aprobando las 3 causales y ya van por propues­tas de abortar a los 5 minutos después de haber nacido la criatura. Me pregunto ¿Qué vendrá después? ¿Abortarlos cuando tengan 1, 5 o 20 años? Puede sonar como una locu­ra, pero ya hay países donde proponen que las familias de­cidan la muerte asistida de sus envejecientes, sin la autoriza­ción de estos.

Hay que abrir bien los ojos, pues muchos de nues­tros líderes están más perdi­dos que el hijo de Lindbergh. Preguntémonos si vamos a imitar estos países que van en franco deterioro moral, o vamos a actuar ahora que aún estamos a tiempo, no vaya a ser cosa que nos salga el tiro por la culata y salga­mos perdiendo en forma to­tal, quedándonos al final sin pito y sin flauta.