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Tres lecciones de la muerte de Johnny

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MUERTE JOHNNY VENTURA

Aunque podemos ver el drama del fin de la existencia como ajeno o distante, la muerte nos confronta con una realidad obligada para todos los seres humanos: la muerte. Un acontecimiento del que nadie ha logrado escapar y que nos recuerda la finitud y la fragilidad de la vida.

Una de las grandezas de la muerte es que nos enseña cómo debemos vivir. Sus lecciones y aprendizajes deben ser la base para una buena vida.

En el caso de Johnny Ventura, su muerte nos invita a sembrar alegría para una cosecha generosa, a perdonar como única respuesta a las ofensas e imitar el ejemplo de los hombres que nunca mueren porque sus obras los convierten en inmortales.

Sembrar alegría:

Poca vez en la historia la muerte de un ser humano ha conmocionado tanto a una sociedad. Miles de ciudadanos dominicano despidieron a Johnny con el mismo entusiasmo y alegría que él sembró con su música.

El nos invita a celebrar la fiesta de la vida, a bailar el merengue del movimiento que libera y aleja las penas, el ritmo que provoca el gozo del cuerpo y el espíritu, la sonrisa franca y la felicidad de sentirnos vivos.

Perdonar como única respuesta a las ofensas:
El perdón a Alá Jaza por parte de Jandy Ventura como posible voluntad de su padre, nos invita a recordar que, frente a la inexorable muerte, perdonar las ofensas, además de expresar la pureza de las almas nobles, es oportunidad para liberar a otros y permitirles aceptar y trascender sus errores y crecer.

Imitar el ejemplo de los inmortales:
Aunque la muerte nos recuerda la efímera vida, hay seres humanos, como Jonny Ventura, que la muerte los convierte en eternos por el legado que nos dejan. Y es que, para el Caballo Mayor, como dijo el revolucionario Maximiliano Robespierre “la muerte es el comienzo de la inmortalidad.”

Para los grandes hombres, para los que dejan huellas de bien como Johnny Ventura, morir no es el final de todo porque sus frutos siguen presentes en el ejemplo de humanidad y compromiso con su país, en la alegría de las personas que seguirán bailando sus merengues y en sus aportes a la cultura e identidad dominicana que lo inmortalizan.