Mar. Jun 18th, 2024

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Éste es mi Hijo amado, escuchadle

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Nuestra pequeñez se hace grande en la resurrección de Jesús. Nuestro Señor nos hace partícipe de su naturaleza divina, gracias al poder del Espíritu Santo. Somos transformados en personas que han nacido del cielo, no de la tierra. ¿Cómo se realiza este milagro maravilloso?

El bautismo debe ser operante en nosotros. Hacer crecer la semilla del espíritu sembrada en nuestra alma es el camino que debemos seguir todos los que hemos sido elegidos por Dios. El Señor nos ha llamado a ser sus hijos, coherederos con Cristo.

Bendigamos a Dios porque hemos sido bendecidos por él. Nuestra naturaleza precaria queda transformada en el poder de la palabra cumplida en nosotros. Suénenos que el poder del Señor actúe en nosotros. ¡Ánimo! ¡Cristo ha resucitado!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 9,2-10):

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo. Se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús. Toma la palabra Pedro y dice a Jesús: «Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías» —pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados—.

Entonces se formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube: «Éste es mi Hijo amado, escuchadle». Y de pronto, mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos. Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de «resucitar de entre los muertos».