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RELACIÓN CON “ENEMIGOS”: GIMNASIO PARA LA SANTIDAD

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EVANGELIO DE HOY: 9/9/21 (Lc 6,27-38).

Ayer tuvimos un receso por el cumpleaños de la Virgen María; hoy Lucas aprovecha el descanso para plantearnos la nota más exigente, pero la más distintiva de la identidad cristiana; se resume en cuatro pilares: “amar”, “hacer el bien”, “bendecir” y “orar”. Hasta ahí todo suena bien; sin embargo, al tener a los enemigos como beneficiarios directos de lo mejor de nosotros mismos, la cosa cambia. Pues nos coloca el precio que hemos de pagar para ser, como hijos e hijas, parecidos al Altísimo, bueno con malvados y desgraciados. Llama la atención las capsulas de contenidos que se aprecian en la enseñanza; cada una concentra un matiz diferente:

ACTITUDES CON LOS ENEMIGOS

“Amar”, “hacer el bien”, “bendecir” y “orar”. Estas cuatro referencias son la fuente de todo lo que prosigue. Se observa la oración como el gimnasio para ejercitar la bondad de Dios dentro de uno mismo. El texto nos presenta una estrategia con la cual podemos auxiliarnos para no dejarnos vencer en el intento: “nos verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante”. No se trata de hacer el esfuerzo a cambio de la propia salvación, sino por hacer feliz al Señor, haciendo lo que nos manda. Pongamos atención: estos cuatro pilares, bien ejercitados, nos vencen; es la pura negación de sí para que sea Cristo quien viva y se manifieste en nosotros.

DE LAS ACTITUDES AL DESPRENDIMIENTO

Recuerda Santa Teresa de Jesús que nadie puede atribuirse una virtud, hasta que no haya sido probada. A la luz del texto: cuando pones la otra mejilla, entonces puede decirse que tienes la gracia de la mansedumbre. ¿Cómo entender este mandato? Pudiera ser, no en sentido masoquista, de procurar más golpes; sino apuntando hacia el no rehuir de las humillaciones cuando han de afrontarse. Cuenta la historia de Santa Catalina de Siena, que un brillante teólogo la ofendió públicamente; era una mujer sin letras, y su sabiduría infusa, no era bien acogida por los hombres de ciencia. Ante la degradación por ella recibida, su rostro mantuvo una paz elocuente; sus labios, cerrados; su postura, serena. Toda la audiencia silenció, y el desdichado sólo tuvo que decir: “Catalina, vales oro”.

TRATAR A LOS DEMÁS DESDE EL CORAZÓN DE CRISTO

Meditemos a qué altura del texto aparece la expresión “traten a los demás como quieren que ellos les traten”: ya nos han pedido las cuatro actitudes interiores fundamentales; también nos han exigido el desprendimiento. Si sólo se llena lo que está vacío, entonces tiene mucha coherencia: ya no serían forzadas las relaciones interpersonales, porque es el mismo Cristo quien se presenta desde la persona que ha muerto para sí, y vive en Dios para servir a los demás.

Señor: tu santo evangelio nos queda grande, porque nos hablas desde tu medida, para empujarnos hacia ti. No nos pones barreras para vivir tu santidad. La barrera nos la ponemos nosotros cuando decimos: “llego hasta aquí”. Hoy te presentamos nuestras resistencias. Queremos entrar en tu dinámica. Ayúdanos, con la fuerza de tu Espíritu, a tomar el Rosario y a empezar a rezar por quienes nos han hecho mal. Hemos sido testigo, Señor, de cómo has podido sacar bien, de los males que hemos recibido. No tenemos nada que temer. Pero sí, nos atrevemos a decir, que es preferible la muerte antes de hacerle mal conscientemente a uno de tus hijos o hijas. Te presentamos nuestro débil cacharro, para que lo hagas a tu medida, desde tu gracia, enséñanos a ser buenos como tú.

  1. ¿Qué dicen a mi vida estos cuatro pilares: “amar”, “hacer el bien”, “bendecir” y “orar”?
  2. ¿Cómo esos cuatro pilares benefician a las personas que me han provocado dolor y sufrimiento?
  3. ¿Cómo acojo el consejo de Pablo: “Sobrellévense mutuamente y perdónense”?