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Noches largas para sueños cortos

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Benditos sueños, que, aun presentando imágenes difusas de la realidad, en ellos encuentran sosiego las almas para dar un cierto sentido a la existencia. No son los sueños imagen espantosa y pesarosa de la muerte, sino profunda vigilia de aquellos que viendo su futuro reflejado en ilusiones buscan afanosamente un alivio a sus miserias humanas.

La vida es sueño escribió Calderón de la Barca, y los sueños, sueños son, y aunque soñar no cuesta nada, estos, presentes en la memoria hace que las noches largas se conviertan en atrayente asilo del espíritu que busca en lo incierto la paz perdida.

Amaneceres luminosos de una lejana fantasía son los sueños, que con sus fugaces destellos de luz proporcionan esperanza a la cansada agonía que reposa en el subconsciente y que en instancia única anuncia la próxima jornada a emprender.

El mejor ejemplo de este bálsamo que llamamos sueños es san José a quien el papa Francisco definió como el hombre de los sueños, que no es lo mismo que un soñador como lo fue José el hijo de Jacob.

De esta manera, los sueños se convierten en un lugar privilegiado para buscar la verdad, porque en ellos no existe forma de ocultar la verdad, y que siendo remedio de todo cuanto ha acontecido a nuestro alrededor, renueva con nuevos bríos el dulce despertar de un mañana bendecido por Dios.