Mar. Jun 18th, 2024

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COMO ÁGUILAS (COMUNIDAD CRISTIANA) ALREDEDOR DEL CUERPO (CRISTO).

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EVANGELIO DE HOY: 12/11/21 (Lc 17,26-37).

El evangelio de hoy recoge hechos de la historia de Israel como “los días de Noé y el diluvio”, “el día de Lot, y la lluvia de fuego y azufre”… Lejos de infundir miedo, Jesús pretende decirnos con esta memoria que en torno a la cotidianidad, donde unos comen, otros beben… compran, siembran, duermen… Dios mantiene el control y el rumbo de esta historia.

El sentido cristiano de la vida ha de llevarnos a estar con los pies en la tierra, firmes y bien situados, pero con el corazón hacia arriba, en las cosas del cielo. No por casualidad, el profeta Isaías compara a los creyentes con “águilas”, que vuelan alto, que no se cansan, porque su fuerza les viene del Señor.

Este hermoso pasaje del evangelio nos infunde confianza y esperanza, para perseverar con firmeza en el camino del Señor, en autenticidad. No hay que fijarse en si, cuando el Señor venga nos llevan o nos dejan; lo importante aquí es mantenerse en su Cuerpo, en el corazón y en el sentir eucarístico, con todo lo que implica de fuerza, comunión y participación. Tampoco importa qué cosa sencilla o compleja uno haga en la vida, lo esencial es la pureza de intención con la cual se realiza, en unidad con el propio ser. El Señor, misericordioso y justo, escudriñador de las intenciones del alma, en su santo discernimiento, podrá considerar qué hacer con cada uno de nosotros según su voluntad.

El evangelio menciona a la mujer de Lot, quien miró atrás y se convirtió en una estatua de sal. Ella representa el estímulo para que miremos, no atrás, sino en la misma dirección que el Señor mira: hacia el Padre fuente de toda santidad. Una vez emprendido el camino santo, no hay que frisarse añorando chucherías pasadas. No hay camino fértil en la muerte, en lo caduco, en lo transitorio. Somos estatua de sal cuando deseamos al Señor, pero vamos cojeando y regateando, medio agonizando por el camino del seguimiento. Bienaventurada la persona que se decida de una vez por la comunidad de las águilas, sostenida y alimentada por el Cuerpo de Cristo.

Señor: a ejemplo de todos los santos, nosotros queremos honrarte de corazón, haciendo dignas todas nuestras acciones cotidianas. Queremos alabarte con nuestros pensamientos, con nuestras miradas y nuestros gestos. Danos la gracia de la fidelidad. Que cuando nos visites nos encuentres deleitados en ti, sirviendo a los demás. Deseamos darte esa alegría porque te amamos seriamente. Ayúdanos a sentir gusto por las cosas del cielo. Danos fuerza para no guardar la vida que nos ha sido regalada como don. Deseamos gastarla en todo momento, en tu Nombre, por tu gloria.

  1. ¿En este momento de mi vida: de qué me estoy alimentando?
  2. ¿Cómo considero mi vuelo espiritual: estático, en desarrollo, tibio, ardiente…?
  3. ¿Cómo quisiera que el Señor me encuentre a su venida: qué estoy haciendo para esto?
  4. ¿Hacia qué dirección estoy mirando?