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LEVANTEMOS LA MIRADA Y EL CORAZÓN: LLEGA NUESTRA ESPERANZA

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EVANGELIO DE HOY: 28/11/21 (Lc 25-28.34-36)

Estamos en el primer domingo de adviento y el evangelio de este día nos hace un fuerte llamado a fortalecer la vigilancia y la oración para esperar. Adviento significa «venida del Redentor». Se trata, entonces, de esperar al Señor y, simultáneamente, renovar y resignificar su llegada a nuestras vidas. Cada año es una oportunidad para que el Señor nos encuentre un poco más adultos en la fe y el compromiso.

Observemos que el pasaje anuncia la llegada del Señor en un contexto de mundanidad: se denuncian los vicios (bebidas, agobios…). En el momento histórico determinado, la voz del evangelio resuena vigorosamente para invitarnos a “despertar”. Llama la atención el escenario descrito para hablar de esta venida; se hace necesario un conjunto de acontecimientos para que la humanidad retorne del letargo donde ha caído. Cuando el sueño es muy profundo, no cualquier ruidito recupera la memoria.

Podemos reflexionar que, si en la primera venida el Señor se nos revela Niño, frágil, tierno…. En la segunda se hará preciso hacerlo como se describe hoy: “con gran poder y majestad”; y en ambas circunstancias, por más distintas que sean, siempre se persigue la misma cosa: “que el ser humano se levante, alce la cabeza y se una a su Creador”.

Lo que le llega a la humanidad supera su intelecto. Así se entienden tantos signos cósmicos y naturales. Hay que decirle al ser humano endiosado que existe Alguien que es Dios, de verdad. El evangelio desea arrancar nuestro corazón del mundo, de los apegos transitorios, y nos mueve para acoger las cosas eternas. No importa si, para tal desapego, el Señor tiene que dejarnos en asombro, manifestando su autoridad y evidenciando nuestra pequeñez.

Señor: nos despiertas a la esperanza, la que tanta falta nos hace. Te damos las gracias por insistirnos en que levantemos la cabeza, los ojos, el corazón. Con la mirada en el suelo no podemos ser testigos de nada. Ayúdanos a mirar más allá de nuestro pequeño mundo, imaginario, pensamiento. No queremos quedar atrapados en telarañas. Danos tu visión y danos tu humildad. Sorpréndenos con tu gracia, que abra nuestros párpados a la luz de la fe. Que todo lo de este mundo nos deje insatisfechos; y te esperemos con hambre de santidad. Tú eres el Santo de Dios, que llega para que seamos santos.

  1. ¿Cómo acojo la invitación del Señor: ¡levántate!, ¡alza la cabeza!?
  2. ¿Estoy leyendo los signos de Dios, quien llega a mi vida?
  3. ¿Cómo ayudo a las demás personas a levantarse, y a que alcen la cabeza?