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VISITA DE SALVACIÓN: EL PASTOR ES EL HIJO DE MARÍA

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LECTURAS DE HOY: 19/12/21
(Mq 5,1-4a; Sal 79; Hb 10, 5-10; Lc 1,39-45).

Próximos a la Navidad, las lecturas de este IV domingo de adviento nos presentan uno de los rasgos más distintivos del Señor: visitar a su pueblo. El pueblo de la Biblia da realce y ensalza la visita del Señor; se siente pequeño e insignificante para recibirlo. Cuando María visita a Isabel entra en esta dinámica de la tradición creyente. De hecho, antes de partir, ella misma ha sido visitada por el ángel; importa destacarlo, porque cuando “se pone en camino, aprisa” tiene una motivación central para hacerlo. Con ella lleva un acontecimiento, porque en su vientre ha recibido al mismo Dios.
 
Estamos entonces ante un extraordinario misterio: se trata de una visita mariana preñada de sentido y esperanza para toda la humanidad. Vayamos observando el escenario donde todo esto acontece: María no se dirige a la ciudad, sino a un pobladito en la montaña. No va hacia los sectores sacerdotales, sino hacia su prima Isabel. No visita el antiguo templo, sino la casa de su pariente.
 
La visita de María a Isabel es también la vista de Jesús a Juan. Los niños también participan. El hecho de que Juan haya saltado de alegría indica que no son indiferentes ante el espectáculo de la salvación; una salvación que comienza desde los más discretos rincones de Israel.
 
De la misma manera en que el pueblo de Israel ha preguntado al Señor: “¿Quién es el ser humano para que lo visites, para que de él te recuerdes?” (Sal 8,5), así Isabel se hace la misma pregunta, con María; la madurez espiritual de esta prima le hace comprender, por gracia del Espíritu Santo, frente a quien está: “La madre del Señor”. Isabel aprovecha el tiempo de la visita: le hace ver a María que su dicha consiste en haber creído que las promesas se cumplirán. Dios no defrauda la esperanza de los pequeños. María, mujer de poco hablar, ha quedado tan alegre con este encuentro, que en la misma casa canta las maravillas del Señor.
 
A ese Jesús, cargado en el vientre bendito de María, se refiere el profeta Miqueas cuando dice: “Pero tú, Belén… pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel”. Es presentado con la imagen de “pastor”. De Él nos habla el Salmo, es el “pastor sentado sobre querubines”, a quien el pueblo suplica “ven a visitar tu viña”. La esperanza en esta visita es fundamental. No es una visita estéril, con ella se aguarda la vida y su protección. La carta a los Hebreos deja claro que el Señor reconoce y asume el objetivo de su entrada al mundo: “Aquí estoy para hacer tu voluntad”.
 
Señor: nosotros también queremos tomar conciencia de quién es que nos visita con tu llegada para seguir preparándonos con esmero y dedicación. Visita nuestro corazón y quédate con nosotros. Al mismo tiempo, deseamos visitar las casas, especialmente aquellas familias que estén más necesitadas de esperanza. Ilumina, Señor, nuestro entendimiento y fortalece nuestra voluntad para sembrar en cada encuentro deseos profundos de santidad. No queremos entrar solos, sino con María, porque Ella sabe muy bien a quien llevar en cada visita, sabe permanecer y sabe partir dejando el ambiente transformado en cánticos de alabanzas.
 

  1. ¿Cómo estoy preparando la visita del Señor?
  2. ¿He hecho la lista de las personas a las que les haría mucho bien una visita?
  3. ¿Qué he aprendido con María sobre la gracia de visitar: qué está sobrando en las visitas que hago?