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JUBILEO ALTAGRACIANO: OPORTUNIDAD DE ORO PARA EMPEZAR A SER COMO NIÑOS.

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EVANGELIO DE HOY: 13/8/22 (Mt 19,13-15).

En tres versículos, el evangelio de hoy nos da su mensaje: Le acercaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y rezara por ellos, pero los discípulos los regañaban. Jesús dijo: “Déjenlos, no impidan a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el Reino de los Cielos”. Les impuso las manos y se marchó de allí.
 
“De los que son como ellos es el Reino de los cielos”. El Señor nos da la clave para alcanzar el Reino, empezado ya en la tierra. Nos pudiéramos acostumbrar a leer estas líneas y dejarlas deslizar al margen de nuestras vidas, como si se dijeran para otra gente o para algunos de la historia. No. Esta propuesta está hecha también para nosotros hoy.
 
En el cuadro de la Altagracia contemplamos un gran misterio: Jesús se nos presenta Niño. La Sagrada Escritura nos muestra un proyecto de salvación desde estos infantes; ellos son la ternura y la inocencia de Dios habitando entre nosotros. Representan la no violencia. La pureza de intención. Son la esperanza. La presencia del Niño respaldado por la custodia de la Madre, es maravillosa, sublime.
 
El Niño, en la pintura de la Altagracia, nos enseña a todos nosotros a confiar. Muestra la actitud que hemos de tener ante Ella, abogada nuestra. El Niño tiene los ojos cerrados, mientras que la Madre, y el esposo José los tienen abiertos. Ella tiene al Hijo en frente, visible, disponible, limpio, arreglado, satisfecho. Las manos, la postura, el perfil completo de la Altagracia nos dice: “Adoren a mi Hijo”, “Hagan lo que Él les diga”.
 
El Niño en el cuadro, al mismo tiempo, es un hombre. Él es evangelio vivo. Sintetiza la vida de Cristo. Duerme en una cuna que, al mismo tiempo, es un altar. Ese pequeño creció, se hizo hombre, padeció, y resucitó. Condensa el misterio de todos los que seguimos a Jesús.
 
¿Usted ya pensó que este 15 de agosto, con el jubileo altagraciano, se nos está ofreciendo una oportunidad de oro para volver a ser como niños? Cada uno sabrá que tan en serio se lo tome.  Se hace necesario despertar. La peregrinación al Estadio Olímpico no es una gira, ni una pachanga; es una solemne ocasión para que la Madre nos haga experimentar, a cada uno, qué significa estar “llenos de gracia”. ¿Cómo prepararnos pararnos?
 
Hay unos pasos sencillos y eficaces que la Iglesia nos presenta para confesarnos. Porque el cambio sincero de la persona implica el paso al sacramento de la penitencia. Desde ya, si no se ha hecho, todo comienza con un sincero examen de conciencia.

Se realiza en recogimiento. Se podrían puntualizar cuatro elementos: falta con Dios, mal hecho a los demás o bien dejado de hacer, mal hecho consigo mismo, y daño a la creación (el papa Francisco nos habla del pecado ecológico). La buena confesión no se improvisa. Hay que puntualizar y denunciar el pecado con la valentía que da el Espíritu.
 
Luego del examen de conciencia, “la bandeja de pecados” ha de provocar arrepentimiento. El arrepentimiento es una gracia hermosa, porque sólo puede acontecer por la Luz del Espíritu Santo. También se espera nuestra firme voluntad de no volver a tropezar con la misma piedra, de esforzarnos para enmendar el error. Esto recuerda el Salmo 50 cuando dice: “Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, y renuévame por dentro con espíritu firme”. Finalmente, el penitente ha de cumplir la penitencia.
 
Al confesarnos, uno no tiene que mirar al hombre en sí, sino a Cristo mismo que está en la persona del sacerdote. Con la confesión, esta vez, ante el jubileo mariano, lleva a ganar indulgencia plenaria. Como hemos dicho, es la oportunidad de volver al estado de gracia, como si estuviéramos recién bautizados.

No sólo se nos borran los pecados, sino las consecuencias y la pena de culpa que éstos acarrean. Las indulgencias, para ganarlas, se nos exige: confesión, comunión, oración por las intenciones del papa y compromiso cristiano. Si la persona es nueva renovamos la sociedad.
 
Virgen de la Altagracia, ruega por nosotros.
 
1. ¿Descubro al Señor en las cosas humildes y pequeñas?
2. ¿De la misma manera en que un niño busca refugio en los brazos de su madre, busco protección en los brazos de María?
3.¿Estamos como niños y niñas acogiendo la gracia que se nos ofrece para nacer otra vez?

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