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CAMINANDO CON JESÚS: NO CAEMOS EN NINGÚN HOYO.

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EVANGELIO DE HOY: 9/9/22 (Lc 6,39-42).

Una interrogante inicia el evangelio de hoy: “¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el mismo hoyo?” Se trata de una cuestión que interpela, cuestiona, y nos hace despertar. Para “guiar” a otros necesitamos “visión”, y no tenemos luz propia. La luz que llega del discernimiento procede del Espíritu Santo. Y el Espíritu está actuante en la vida comunitaria, donde Cristo es el centro. Sólo la vida en Cristo nos permite ver. Él es el maestro. Él es quien guía sin temor a accidentarnos. Caminando con Jesús no caemos en ningún hoyo.
 
El pasaje de este día nos anima a vivir y a convivir en humildad. En el camino cristiano somos aprendices. Por eso dice el Señor: “Un discípulo no es más que su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro”. Quien vive en actitud de aprender nunca se considera superior a quien lo guía; y cuando pueda guiar a otros, tampoco se sentirá “más”, porque habrá conseguido ser como su maestro, de mirada humilde, prudente y agradecida; sabrá que la luz no le pertenece.
 
“¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?” Esta interpelación va dirigida a quienes aún no hemos aprendido a mirar como el maestro mira. El maestro encuentra a Dios mismo en su interior. Contempla a Dios. Y desde dentro, hacia fuera, lo descubre en todas las personas, en todas las cosas. El Señor no tiene corazón de “fiscal”, sino de amor compasivo. Un amor que busca la verdad en lo íntimo de cada uno para dársela a conocer y rescatarla.
 
“Sácate primero la viga de tu ojo”; porque al sacarla se alcanza, por gracia, una mirada limpia y transparente, sin prejuicio ni condena. Esta es la “visión clara”, el colirio del amor que emana de la misma mirada de Dios. Cuando nos “desyerbamos” el corazón cotidianamente el Señor nos da su mirada. Él es así, no queda indiferente ante el sacrificio de nadie.
 
Señor: aquí estamos, como Pablo, “corriendo para ganar”. Queremos ganar santidad, siguiendo el camino que propones tú. Danos luz del cielo para ocupar en esta vida el lugar que nos corresponde. Danos la sabiduría necesaria para respetar la dignidad de los hermanos, y ayudarnos a crecer mutuamente en caridad fraterna. Virgen de la Altagracia, ruega por nosotros.
 

  1. ¿Con qué actitud voy por la vida: como discípulo, o como maestro?
  2. ¿He hecho a alguien caer en algún “hoyo”? ¿Qué he aprendido?
  3. ¿Estoy sacando las “vigas” de mi ojo? ¿Veo a los demás desde la mirada de Cristo?