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PIDAMOS, NO UN SIGNO, SINO GRACIA PARA VIVIR EN SU PRESENCIA.

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EVANGELIO DE HOY: 10/10/22 (Lc 11,29-32).

El pasaje de hoy nos dice que la gente se apiñaba alrededor de Jesús y él se puso a decirles: “Esta generación es una generación perversa”; en otras palabras, es una generación “dañina”, “enferma”, “pasiva”, “maliciosa”… “Esta generación” se refiere a las personas que en aquel momento estuvieron abordandole, siendo indiferentes e interesados. Y también, “esta generación” somos nosotros. Somos o no “generación perversa” según reaccionamos ante la propuesta de Jesús.  
 
El Señor observó el interés de la gente al acercarse a él. Buscaba un “signo”, un “milagro”, una “señal” como quien negocia el creer o el no creer. Esa generación calculadora no comprendía que la relación con Dios no era a base de negocios ni intercambios. Buscaba cosas externas sin darse cuenta que lo más importante comienza por dentro, allí donde nace la fe.
 
La generación “pide un signo, pero no se le dará más que el signo de Jonás”; aquel profeta que en tres días, por el fuego espiritual de sus palabras, tocó el corazón de los ninivitas, haciéndoles recapacitar, y abrazar la conversión. Ante las palabras del profeta, la ciudad entera reconoció su maldad, se encontró con su propia miseria. La luz le iluminó la oscuridad. Como resultado, cambiaron la conducta, la manera de llevar la vida. Entendamos el enojo de Jesús. Él es más que un profeta. Él ya no es un signo. Es la presencia misma de Cristo. Y la gente no estaba reaccionando ante su predicación.
 
Las figuras que presenta el pasaje: la reina del sur y los ninivitas, nos recuerdan el ejemplo y el testimonio de gente con menos posibilidad y oportunidad de recibir al Señor, y lo hicieron. Nosotros, que tenemos todo disponible, tendremos que considerar si vamos a formar parte o no de una generación perversa.  
 
Señor: cada día se ilumina nuestra conciencia ante la Palabra que nos das. Gracias por la paciencia que tienes con nuestro proceso. Realmente no queremos formar parte de una generación perversa; una generación pasiva ante tu presencia, que no reaccione. Deseamos, de corazón, que nos mueva tu Palabra. Que nos desarraigue tu persona de nuestra comodidad, de nuestra manera light de comprender la fe.  No queremos un signo, Señor, te queremos a ti.
 
1. ¿Me he sorprendido, alguna vez, negociando con el Señor? Algo así como: “Si me das esto, yo te prometo que…”.

2. ¿He aprovechado las oportunidades para crecer, madurar, cambiar de vida, tomar a Dios en serio?

3. ¿Busco algún signo de Jesús o vivo la experiencia de su “presencia real”?