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SAGRADA FAMILIA:
SAGRADOS VALORES Y PRINCIPIOS.

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LECTURAS DE HOY: 30/12/22.
(Ecl 3,3.7.14-17a; Sal 127; Col 3,12-21; Mt 2,13-15.19-23).

El conjunto de las lecturas de este día, donde celebramos la fiesta de la Sagrada Familia, nos muestran un conjunto de valores y principios que nos dicen cómo fomentar o preservar la sagrada dignidad familiar.
 
El libro del Eclesiástico nos comienza hablando del valor del respeto; a los ojos de Dios tiene tan alto mérito que los hijos y las hijas respeten a sus padres, que quien se dispone a vivirlo expía sus pecados y acumula tesoros en el cielo. La oración de quienes honran a los que les dieron la vida, es escuchada. No se trata de respetar mientras los hijos son dependientes, sino siempre, perseverando en la virtud. Por eso, el consejo de los sabios es firme cuando dice: “No lo abandones mientras vivas; aunque chochee… no lo abochornes”. Cada uno sabrá qué significa “abandonar”, “descuidarse”, “hacer pasar vergüenza”, “buscar dónde dejarlos para estar más libre…”.
 
Las orientaciones de Pablo son eficaces aplicadas al seno familiar “… sobrellévense mutuamente y perdónense”. Tener presente la misericordia de Dios en la vida personal es fundamental para ser tolerantes con los defectos y los pecados de los otros. Para que haya un buen clima en la familia no se puede estar archivando en el corazón recuerdos tristes. Es fundamental, en este sentido, tener memoria de todo el bien que Dios, mediante la familia, ha permitido experimentar. En este sentido, el apóstol recupera el valor del “agradecimiento”. Hay más cosas que agradecer, que cosas por las cuales refunfuñar; no deja de lado, tampoco, la responsabilidad de la corrección interpersonal.
 
A criterio de Pablo, donde hay amor no existe el trato áspero ni violento. La violencia intrafamiliar es un escándalo para el mundo bíblico. Para la cultura de Israel, los hijos y las hijas sólo pueden desobedecer a sus padres cuando éstos no obedecen la voluntad de Dios en sus vidas. Quiere decir que los hijos y las hijas no han de seguir los antivalores o los malos ejemplos, las enseñanzas torcidas que pudieran dar algunos padres.
 
En el evangelio nos presenta la sagrada familia (Jesús, María y José). Ella nos da la base para que también nuestra familia sea santa: hacer la voluntad de Dios en cada momento y tener a Jesús como centro de ésta. No importa qué tan difíciles sean los kilómetros a atravesar cuando va con Jesús con nosotros.
 
Señor, como nos recuerda el salmo, nosotros también queremos recibir tu bendición. Bendice nuestra familia, nuestros hogares. No queremos gobernarnos a nuestro antojo. Que tu misericordia sea la autoridad que nos oriente. Que nunca nos falte trabajo ni el pan en la mesa. Pero, sobre todo, que nunca nos falte la gracia de ser fieles a tu voluntad.
 

Para dialogar en familia

  1. ¿Soy un hijo, una hija agradecida de mis padres? ¿Cómo se refleja? ¿He abochornado a mis padres? ¿He pedido perdón? ¿Los padres han pedido perdón a los hijos y a las hijas cuando les han fallado?
  2. ¿Qué estoy siendo, y qué estoy haciendo para que mi familia camine en santidad? ¿Soy el esposo o la esposa que el Señor esperaba?
  3. ¿Tengo trato áspero en mi familia o cultivo la paz, la ternura, la reconciliación?
  4.  ¿Estoy regateando la entrega en la familia? ¿Estoy orgulloso de mi familia o me da vergüenza? ¿Cómo asumo a mi familia con sus valores y sus debilidades? ¿Qué hago para que supere los obstáculos que no la dejan madurar en la fe?
  5.  ¿Fomento o desmotivo la llamada a la vida sacerdotal o religiosa en mi familia? ¿Se pudiera interferir en la llamada que Dios hace; con qué autoridad? ¿Mi familia se ha transformado en espacio de evangelización? ¿Qué aprendemos de Jesús, María y José?