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El bautismo del Señor

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Con este Evangelio, clausuramos el tiempo de Navidad. Ya pasamos el día de Epifanía que significa Manifestación, que es cuando el niño se presenta a los tres Reyes Magos para recibir los regalos, que por ellos acostumbramos a regalar en este tiempo de Reyes, y todavía en nuestro país acostumbramos a regalar para esta fecha, y los niños agradecen sus regalos, a pesar de que pronto comenzaremos las clases.

Muchos acostumbran como los de Norteamérica a regalar el 25 de diciembre para que los niños puedan disfrutar un tiempo mayor. Pero los Santos Reyes son los que en verdad les traen los regalos, ya la caravana tiene 76 años celebrándose. Y para nosotros es ya una tradición.

“Tres epifanías. La primera cuando contemplamos al Señor niño regalo de Dios cuando abrimos los ojos de la fe y vemos solo con el corazón; el día de Navidad vimos al niño Dios, recién nacido, regalo de Dios para toda la vida. Esa fue nuestra primera epifanía.

El día de los Tres Reyes, en los magos vimos al niño Dios como salvador de todos y nos sentimos herederos de las promesas eternas. Fue nuestra segunda epifanía.

“Hoy con el Bautismo del Señor en el río Jordán vemos al Señor ya adulto, lanzado a su vida pública, experimentamos la tercera epifanía, la epifanía total y trinitaria. Dios Padre habla y llama a Jesús su Hijo Amado y Espíritu lo llena de su poder”.

“Los ángeles dejaron de cantar, los Magos se fueron por otro camino, José y María se retiraron a Nazaret y allí en la oscuridad, la soledad y el silencio pasaron treinta años. Un buen día Jesús, desde Galilea “se fue al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara”. Jesús, ese día de su bautismo comenzó a “cumplir todo lo que Dios quiere”.

“Se revistió simbólicamente con todos los pecados de mundo. Se convirtió en el chivo expiatorio que en el día del Yon Kippur, día del Gran Perdón, es enviado al desierto cargado con todos los pecados de Israel. El día del Bautismo es el comienzo de todo; de la búsqueda de los pecadores, de la sanación de los enfermos, del perdón de los pecados, de la nueva presencia de la gracia y de la verdad de Dios en el mundo. La vocación de Jesús  es dedicarse a tiempo completo a las cosas de Su Padre, empujado por la fuerza del Espíritu. Estar bautizado es una vocación que hay que vivir a tiempo completo. Jesús es único como mensajero de Dios y Salvador nuestro, pero la declaración de Dios a Jesús: ‘Tú eres mi Hijo, yo te quiero’, se aplica a todos los bautizados. Los bautizados deberíamos vivir de tal manera que fuéramos epifanías para nuestros familiares y amigos que nunca han tenido una auténtica  epifanía cristiana”.

Oh Señor, danos la gracia de vivir nuestro compromiso bautismal con amor  y radicalidad, siendo testigos tuyos dondequiera que nos encontremos. ¡Amén!