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La exaltación de la Santa Cruz

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¿Por qué escribo este artículo? Y es que el 14 de septiembre del 1963 fue el año en que contraje matrimonio con mi esposo por 59 años. Este año cumpliríamos las bodas de diamante: 60 años de feliz unión matrimonial.

Pero el Señor decidió que Carlitos, mi esposo, debía ir primero a prepararme el camino para su otro encuentro. Él siempre estuvo pendiente de guiarme por el camino del amor y de la verdad y cada día lloro su ausencia.

La liturgia de estos días, el 14 es la Exaltación de la Santa Cruz; el 15 celebramos a Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores, La Dolorosa, como acostumbramos a llamarla, y el sábado, San Lucas nos trae al que escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica. Y hace el ejemplo del que construye su casa sobre arena y el que la construye entre rocas. ¡Todas las lecturas tienen mucho que ver con las acciones del Señor que quieren nuestro bien!

La lectura de San Pablo a los Filipenses es una lectura preciosa que debiéramos aprendérnosla de memoria: “Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos”. ¡Cuánta humildad!

En todas estas lecturas el Señor nos enseña a obedecer y el Salmo 30 nos enseña a tener al Señor como nuestra roca, que nos salva de todas las dificultades.

Pero, las lecturas del domingo son espectaculares, para nosotros los que queremos ser cristianos de corazón: el mensaje del perdón. Lo más difícil para nosotros es perdonar a nuestros enemigos, a los que nos hacen el mal.

Y vemos cómo Jesús se enoja con aquellos que, habiendo sido perdonados, son incapaces de perdonar al otro.

Jesús nos dice que para el perdón no hay límites: hasta 70 veces 7. Nosotros mismos esperamos que Dios sea compasivo con nosotros, pero a menudo somos incapaces de serlo para los demás.