Mié. Sep 30th, 2020

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El modelo

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“Regresa a mí” es el título de una película, protagonizada por Julia Robert, que cuen­ta la lucha tenaz de una madre para que su hijo adicto pase, tan solo, 24 horas sin dro­garse. Aunque logra transmitir un mensa­je impactante, sobre lo devastador que resulta para los jóvenes y sus familias el uso de estupefacientes, no todo lo que nos dice este filme, a mi parecer, es posi­tivo.

¿Inocente?

Hay un momento en que el muchacho, en proce­so de desintoxicación, se responsabiliza por la muer­te de una amiga suya. La madre trata de convencerlo de su inocencia, frente a este hecho, pese a que él ini­ció a la chica en el consumo y le vendía las drogas. El alegato de ella es que, en ese momento, él creía que le ofrecía a su amiga algo bueno. A mí, la verdad, no me parece.

Desde un lodazal

Basta mirar la película para entender que, ape­nas iniciamos el camino de las adicciones, se vislum­bra todo el dolor y la degradación humana y moral que conlleva para quienes se pierden en él. ¡Claro!, devolverse no es fácil, algunos nunca lo logran, por­que amerita una lucha tan titánica como la que na­rra esta historia, no de un día, sino de cada minuto de la existencia. De modo que cuando un adicto insta a una persona, que no lo es, a consumir, sabe que lo es­tá empujando por una barranca de la cual le resultará muy difícil escaparse. Es arrastrar contigo, desde un lodazal, a alguien que va cruzando vestido de blanco.

Una muerte horrible

Otro aspecto de la película, que quiero comentar, es cómo la madre disculpa a su hijo, pero actúa con in­creíble severidad y crueldad frente al médico a quien ella responsabiliza por la adicción del muchacho. Cuando encuentra, por casualidad, a este anciano, con signos de demencia, aprovecha un momento, en que la esposa de él lo deja a su cuidado, para repro­charle por haberle recetado a su hijo un medicamento adictivo. Al despedirse, le desea una muerte horrible, pese a que se trata de un hombre indefenso que la mira asustado y confuso.

Ejemplo por 2 mil años

Reflexionar sobre esta película me remitió a otra madre muy distinta y distante, pero madre, al fin. Pensé en el silencio de la Virgen María, ante los que crucificaron a su hijo injustamente. No quedó regis­trada una sola injuria contra los responsables de ese crimen. La madre de la película, desesperada, valien­te y capaz de amar más allá del sentido común, pare­ce el modelo, pero, he llegado a la conclusión, de que no lo es. El modelo es María. La madre que ama, lu­cha, apoya y no se rinde, ni después de la muerte de su hijo, pero, contra toda lógica humana, perdona y, con ello, también, nos ha enseñado a perdonar, du­rante más de dos mil años ya.

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