Mar. Mar 2nd, 2021

ApmPrensa

Agencia de Prensa Palabra Multimedia

EN CAMINO CON LA PALABRA: «cumplieron todo lo que prescribía la ley del señor»

2 min read
Evangelio de la Fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José.
27 de diciembre de 2020
cumplieron todo lo que prescribía la ley del señor»
Estudia con nosotros el evangelio de este Domingo, Fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José. El P. Wilton Sánchez, Director del Instituto Bíblico Pastoral Latinoamericano te presenta detalladamente cada escena y te ayuda a comprender los principales matices del texto bíblico.

Lc 2,22-40

Cuando se cumplieron los días de la purificación,
según la ley de Moisés,
los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor,
de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor:
«un par de tórtolas o dos pichones».
Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón,
hombre justo y piadoso,
que aguardaba el consuelo de Israel;
y el Espíritu Santo estaba con él.
Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor.
Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley,
Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
«Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo,
diciendo a María su madre:
«Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten;
y será como un signo de contradicción
– y a ti misma una espada te traspasará el alma –
para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».
Había también una profetisa,
Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser,
ya muy avanzada en años.
De joven había vivido siete años casada,
y luego viuda hasta los ochenta y cuatro;
no se apartaba del templo,
sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día.
Presentándose en aquel momento,
alababa también a Dios
y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor,
Jesús y sus padres volvieron a Galilea,
a su ciudad de Nazaret.
El niño, por su parte,
iba creciendo y robusteciéndose,
lleno de sabiduría;
y la gracia de Dios estaba con él.