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DOMINGO DE LA ASCENCIÓN

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“La Ascensión del Señor marca una etapa nueva y definitiva para los Apóstoles. El Señor resucitado ya no aparecerá más, sino que sube al cielo para interceder por los hombres ante el Padre. Esto es narrado en la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles. El Evangelio insiste, de modo particular, en la misión que Jesús confía a sus apóstoles, un verdadero mandato apostólico: “Vayan y prediquen”. (Tomado de Rayo de Luz)
La segunda Lectura está tomada de la carta de San Pablo a los Efesios: “Hermanos: Yo, el prisionero por el Señor les ruego que anden como pide la vocación a la que han sido convocados. Sean siempre humildes y amables, sean comprensivos, sobrellévense mutuamente con amor; esfuércense en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que han sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.
A cada uno de nosotros se nos ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. (Por eso dice la Escritura: “Subió a lo alto llevando cautivos y dio dones a los hombres.” El “subió” supone que había bajado a lo profundo de la tierra; y el que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos para llenar el universo). Y El ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros evangelizadores, a otros, pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.
Esta Lectura es todo un resumen de lo que debe de ser la vida de un cristiano comprometido con su fe. Por eso es importante reconocer nuestra vocación en la vida para tratar de vivir la vocación que hemos escogido para servir a Dios y a su Hijo Jesucristo. Amén.

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