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MATEO: MIRADAS Y CONVERSIÓN (DE LA MESA DE IMPUESTO A LA MESA DEL REINO)

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EVANGELIO DE HOY: 2/7/21 (Mt 9,9-13)

El evangelio de hoy se inaugura con el verbo “ver”. Parte de una mirada, la que dio Jesús a Mateo, quien estaba sentado en el mostrador de impuesto. Con la invitación de Jesús él pasa de la mesa de impuesto a la mesa del Reino, donde todos y todas estamos invitados. Meditemos:

¿QUÉ VIO JESÚS EN MATEO DONDE ESTABA SENTADO?

Mateo era un israelita que trabajaba al servicio de Roma, el imperio, cobrando impuestos en la tierra de Jesús. Los impuestos injustos mantenían al pueblo en pobreza y, lo peor, con sus propios paisanos involucrados en el deterioro social. Por tal motivo, este hombre tenía mala fama. Usted podría imaginarse la arrogancia de los cobradores para cuadrar sus cuentas, y la gente con pocos recursos. El hecho es que socialmente, Mateo no tenía aceptación entre los suyos. Era rechazado. Debió tener una coraza en su rostro como escudo para soportar las malas miradas y las malas señas recibidas por la gente. Él había cambiado la fraternidad social por su bienestar económico.

Entonces llega Jesús, lo mira sentado en una mesa de impuestos. La mirada de Jesús ha traspasado la cáscara de su apariencia, y de los prejuicios. Jesús fue más allá de los propios pecados de Mateo. Lo rescató en su fondo más íntimo. ¡Bendito discernimiento! Recordemos al Salmo que dice: “Tú amas la verdad en lo íntimo de mi ser”. La mirada auténtica de Jesús contempla lo más auténtico de Mateo; desde esta constatación nace la llamada. Una llamada que lo cambia todo.

¿QUÉ VIO MATEO EN JESÚS?

Mateo vio en Jesús lo nunca visto: una mirada dulce hacia su propia persona. Una mirada que no le causó dolor. Sintió su corazón acariciado. Experimentó un solo flechazo. Un amor irresistible. Una mirada tan cautivadora que lo paró de la mesa; su mesa tan valorada. Los ojazos de Jesús le provocaron conversión instantánea. Puede ser que Mateo hubiese oído hablar de este maestro. Pero nunca se le hubiese pasado por su mente que Jesús se fijaría en él. ¡Cuántas cosas pasan cuando uno se deja mirar por el Señor!

¿QUÉ VIERON LOS PECADORES?

Una vez estando Jesús en la mesa, en la casa de Mateo, pues imagínese… se dirían los otros pecadores: “pero si Mateo está, entremos nosotros”. La abundancia en la mesa se deja sentir. Aquí tenemos el espejo del banquete del Reino para todos aquellos que acepten a Jesús entrar en su casa. El ambiente de alegría y de fiesta se deja sentir. La experiencia de ser reconciliado, de encontrar lo auténtico, lo verídico, no tiene precio. La felicidad provoca paz al alma. Sentarse a la mesa con Jesús significa asumir su mismo proyecto de vida. Todo lo adquirido por Mateo ahora se comparte y se reparte bendecido por la gracia de Jesús.

¿QUÉ VIERON LOS FARISEOS?

La mirada de los fariseos no podía interpretar lo que estaba aconteciendo. Su mirada fue superficial. No captaban el fondo. Sólo la apariencia. Veían pecadores sentados con Jesús. Sólo alcanzaban a encender el chisme diciéndole a los discípulos de Jesús: “¿cómo su maestro come con pecadores?” Jesús los escucha. No tuvieron coraje de dirigirse a Él directamente. Pero la respuesta que les da, les deja silenciados: “No tienen necesidad de médicos los sanos, sino los enfermos”. De ahí que la casa de Mateo se convirtiera en el más espléndido dispensario médico que presenta el Nuevo Testamento.

¿QUÉ APRENDEMOS DE TODAS ESTAS MIRADAS Y CONVERSIÓN?

El mismo Jesús nos dice lo que hemos de aprender: “aprendan lo que significa misericordia quiero y no sacrificios”. Por su misericordia, Jesús nos invita a todos a la mesa de su Reino, donde nos ofrece el verdadero pan de vida. Nos deleita en el espectáculo del perdón y la acogida a todos sin exclusión ninguna. Nos llama a levantarnos de los mostradores de la perdición para sentarnos con Él con la dignidad de hermanos. Jesús nos enseña a mirar nuevas todas las cosas, a todas las personas, con ojos y corazón de misericordia.

Con el salmista decimos: “Demos gracias al Señor porque Él es bueno… vístenos con tu salvación, para que veamos la dicha de tus escogidos”.

  • ¿En cuáles de las mesas estoy sentado? ¿Con quién estoy sentado?
  • ¿Me dejo mirar por Jesús? ¿Cómo es mi mirada hacia los demás?
  • ¿Con qué me estoy alimentando?
  • ¿Quién es mi médico? ¿Cuál es mi medicina?