Sáb. Jul 27th, 2024

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Gratis lo recibisteis; dadlo gratis

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Dios nos ha dado mucho. Ha provisto, gratuitamente, un número inestimable de dones, gracias y ayudas. Nuestro Señor nos ama tanto que no nos exige nada. Transforma nuestra vida y no pide nada a cambio.

La obra de Dios en nosotros nos convierte en testigos de su amor y nos obliga, por así decirlo, a proclamar en todo momento sus maravillosas. Por eso, un cristiano siempre está disponible para la evangelización.

Seamos dóciles obreros que trabajamos diariamente en la mies de Dios. Estemos siempre dispuestos a proclamar la buena noticia. Seamos, con nuestras obras, testigos verdaderos del amor de nuestro Señor. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 10,7-15):

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: «Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento.

En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros. Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies.

Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad».