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SUPERANDO LAS CEGUERAS: EVITANDO LOS HOYOS DE LA VIDA

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EVANGELIO DE HOY: 10/9/21 (Lc 6,39-42).

El evangelio de Lucas nos hace ahondar en las enseñanzas de Jesús; las de hoy nos llegan a manera de predicación a partir de un solo Maestro y de un solo Magisterio. El asunto gira en torno a la polémica que levanta: “ser ciego” y desear “guiar” al mismo tiempo. Dentro del contexto del planteamiento, quién sería la persona ciega.

LA PERSONA CIEGA

  • Ciega es la persona que camina ignorando el hoyo al cual se dirige, donde otros, que le siguen, también caerán.
  • Da la impresión que el “ciego” ha querido saltar etapas: enseña sin haber quemado la experiencia de discípulo; sin percatarse qué significa ser maestro a criterios de Jesús: quemarse y purificarse en el fuego de la humildad y de la fidelidad, para apuntar a la misma dirección del único Maestro.
  • Ciega es la persona que no se detiene consigo misma para considerar en qué ha fallado, qué le falta; y revisar las “vigas” de su propio ojo; o sea, las trabas que le impiden ver con claridad, que le opacan la luz del camino, y no le permiten retener las enseñanzas de Jesús.
  • No reconocer la propia ceguera es peligroso. El enemigo engaña y se aprovecha de tal ignorancia. La dispersión inicia cuando uno comienza a entretenerse viendo las “pajitas” en los ojos ajenos, pues enfrentarse con la “viga” personal exige honestidad espiritual y determinación.

SUPERANDO LAS CEGUERAS

  • El Señor ha invertido con insistencia para que recuperemos la vista. Su autoridad le llega por la Luz del cielo. Él es el Maestro que ve claro y nos conduce sin equivocación. Abrazando sus enseñanzas, y dejándonos conducir por el único Magisterio, no caeremos en hoyo alguno.
  • Se supera la ceguera dejando de revisar ojos ajenos. Esto quita el tiempo para aprender.
  • Vencemos la ceguera siendo persona sincera, leal, auténtica; contrario a la hipocresía. Lo que distancia de uno mismo, y de aquello que el Señor enseña, ciega.
  • El mejor remedio para la ceguera es vivir con la actitud de discípulo a los pies del Maestro. Y desde este centro, ser su misionero con la fuerza del único Magisterio.

Señor: reconocemos que algunas veces hemos caído en hoyos por la vida. Y lo más triste, algunas personas han ido con nosotros. Pedimos perdón por esto. Con la luz que nos brindas y desde la conciencia que ahora tenemos, nos disponemos ante ti, fuente de sabiduría, para que alumbres cada rincón de nuestras vidas. Que tu misericordia quite las “vigas” de nuestros ojos. Y cuando miremos a los demás, lo hagamos desde tu santa compasión. Cuando queramos ir por la vida enseñando cosas vacías, siéntanos, Señor, con tu autoridad, y danos humildemente la gracia de amar el discipulado; no queremos saltar etapas. No queremos irnos a los nuevos hoyos que como trampas nos acechan. Marca tú el ritmo y el tiempo para cuando podamos enseñar como tú, con el ejemplo y la palabra. Y, en adelante, ser tus discípulos misioneros permanentes.

  • ¿Cómo se ve la vida con una paja en el ojo? ¿Podría uno acomodarse a una paja en el ojo? ¿Cómo la Luz de la Palabra y del Magisterio nos devuelven la visión?