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EL MÁS IMPORTANTE: QUIEN COMO NIÑO SE DEJE CONDUCIR POR JESÚS

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LECTURAS DE HOY: 27/9/21 (Lc 9,46-50).

Lucas prosigue ofreciéndonos las enseñanzas de Jesús, las que se escapan de criterios puramente humanos e introducen en la lógica de Dios; iniciarse y sumergirse en tal lógica es una aventura fascinante, cuando se hace sin resistencia. Si queremos identificar la manera de hacerlo intentaremos descifrar las actitudes, mediante el ejemplo que Jesús propone a sus discípulos, y a nosotros también: un niño como paradigma de quien quiera ser importante. 

QUIÉN ES EL MÁS IMPORTANTE

“Quién es el más importante”, esta era la discusión que traían los discípulos de Jesús. Llama la atención el verbo “discutir”, porque denota los intereses personales del grupo, las aspiraciones, las inquietudes, las proyecciones… (Aquello que discutimos manifiesta los deseos que nos mueven). A tantas enseñanzas de Jesús, todavía no han caído en cuenta en qué consiste el Reino de Dios. Todo indica que, se pudiera seguir a Jesús con los pies, pero seguirlo con el corazón, de corazón a corazón, lleva un tiempo más prolongado.

Lo cierto es que se cambia de oficio con rapidez, por ejemplo, “dejaron las redes y le siguieron”; sin embargo, “dejar la manera de pensar”, “dejar los criterios personales”, eso exige madurez, tiempo, conversión profunda. Jesús, para ser comprendido, se auxilia de un ejemplo más concreto, más pedagógico en sentido a la altura mental de los suyos. Y es aquí donde nos introducimos en el corazón del texto:

COGIÓ DE LA MANO A UN NIÑO Y LO PUSO A SU LADO

A simple vista, “cogió de la mano a un niño y lo puso a su lado”, parece un gesto simple, y lo es; con todo, tiene una enseñanza profunda. Qué significa dejarse agarrar por Jesús; dejarse conducir allí donde Él te quiere y te pone; qué implica que Jesús te coloque a su lado, dejarse usar por Él para que los otros aprendan, y seguir siendo pequeño.

Las actitudes de docilidad y obediencia muestran el corazón de niño, que se espera de todos nosotros. Ese niño no ha abierto la boca, se queda donde lo penen y hace lo que le dicen. Se mueve, no a título personal, sino en nombre de Jesús. Actuando en nombre de Jesús entonces el niño pasa a ser la misma figura de Cristo. De ahí que el verbo “acoger” se repita tres veces, insistiendo en los fundamentos y significado de tal acogida. 

La insistencia en la acogida, en la primera escena, hace contraste con la actitud de “rechazo” en la segunda parte del relato, donde Juan interviene diciendo que han impedido a uno echar demonios en nombre de Jesús. Queda claro que no importa cuán pequeño sea el gesto, “la persona”, la acción que se realice a favor del Reino. Todo lo que sume al Reino es importante, merece relevancia y distinción.

Señor: te pedimos perdón en esta mañana porque reconocemos que algunas veces se nos han ido los ojos con cosas que parecen grandes. Y tú, hoy, nos tomas de la mano para introducirnos en las cosas pequeñas, las que a tu santo juicio tienen valor e importancia. Ayúdanos a bajar los ojos y a detenernos en lo que parece insignificante. Danos un corazón humilde, Señor, para poder descubrirte en lo más sencillo y en todas las cosas. Queremos discutir asuntos de importancia, no aquellos superficiales que nos deleitan en el propio vuelo. Danos silencio profundo y mirada contemplativa, que no busquemos ser importantes, sencillamente que seamos pequeños y nos dejemos conducir por ti.

  1. ¿De qué voy discutiendo por la vida?
  2. ¿Me dejo guiar por Jesús, como un niño pequeño se deja conducir por sus padres?
  3. ¿Tengo actitud de acogida para todo aquello que tenga olor a Reino?