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EN EL ATARDECER DE LA VIDA: SE NOS PEDIRÁ CUENTA DEL AMOR

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EVANGELIO DE HOY: 14/10/21 (Lc 11,47-54).

Lucas continúa con los reproches de Jesús a los fariseos y a los maestros de la Ley, quienes han hecho una religión a su manera; convencidos ellos mismos de que andan bien, cuando a criterios de los valores del Reino andan mal. Dos veces se les repite en el pasaje que “se les pedirá cuenta”; dicha expresión nos ayuda a meditar también a nosotros, y desde ésta nos apoyamos para una revisión de vida.

Cierto día una persona le dijo a otra, a quien veía concentrada en agradar a Dios: – “No tienes que afanarte tanto, que como quiera nos vamos a salvar todos, porque Dios es misericordia”. La persona que escuchó la frase quedó en silencio y sin respuesta. Estaba confusa; pero con el tiempo comprendió que “la misericordia de Dios es gratis, pero no barata”. ¿Qué significa? Como dice el evangelio de hoy, “se nos pedirá cuenta de nuestros actos”; de manera que no se puede vivir como si Dios no existiera.

Dice Jesús a quienes cuestiona, que se les pedirá cuenta de la sangre de los profetas. ¿Cómo traducir esta expresión a nuestros días? Se nos pedirá cuenta del sufrimiento que causamos a los demás intencionalmente en sus más diversas dimensiones. Todo sucede porque la naturaleza humana está soñada y creada para el amor; de ahí que Jesús siente dolor cuando alguien detiene dicho rumbo. Por eso, advierte a quienes se han quedado con la llave del saber, pues no entran ellos ni dejan entrar.

En el pensamiento de San Juan de la Cruz se registra la expresión: “Al atardecer de la vida, seremos examinados por el amor”; o sea, se nos preguntará: “¿cuánto hemos amado?” El fallecido obispo brasileño Don Pedro Casaldáliga nos ilumina: – “Cuando suba al cielo y me pregunten si he amado, mostraré mi corazón lleno de nombres”.

Señor: aquí estamos dispuestos a aprovechar el tiempo adorándote y sirviendo a los demás. Aunque nadie es justo en tu presencia, pero queremos, desde nuestra pobre condición, decirte que lo hemos invertido todo por amor a ti y a los demás. Sabemos que fuiste el primero en rendir cuentas al Padre; nos has dado ejemplo Señor. Ayúdanos a vivir cada día con este sentido de peregrinación, de que somos siervos y siervas, que nada nos pertenece, y que nos has confiado grandes valores para conducirlos, cuidarlos y hacerlos florecer en el amor.

  1. ¿Estoy haciendo las cosas realmente bien, o sólo yo las considero bien?
  2. ¿Si tuviese una reunión hoy con el Señor: con qué me presentaría ante Él?
  3. ¿Estoy dispuesto a “dar las llaves del saber” para que los otros entren?

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