Mié. Dic 8th, 2021

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UNA “HIGUERA” (NOSOTROS) EN UNA “VIÑA” (HUMANIDAD): LLAMADOS A DAR FRUTOS DE CONVERSIÓN

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EVANGELIO DE HOY: 23/10/21 (Lc 13,1-9).

El énfasis del evangelio hoy recae en el “llamado a la conversión” y “la exigencia de fructificar”. En un primer momento, se considera la muerte como destino de una vida sin conversión; y posteriormente, se ejemplifica dicho destino mediante la parábola de “una higuera” plantada en una viña, sin frutos. Meditemos trayendo luces para nuestras vidas.

Llama la atención que una higuera (higos) esté plantada en una viña (uvas). Lo cierto es que “higuera” y “viña” tienen dueños. El propietario la ha plantado con el fin de que dé frutos en un terreno escogido. No importa en cuál de su propiedad la ha colocado, lo que sí espera es que produzca “higos” para comer. Dios Padre es el dueño de todo; y siempre ha contado con mediadores de su entera confianza que den seguimiento a la plantación; por eso, la parábola menciona al “viñador”.

En este caso, el “viñador” podría ser el Hijo, así como en Antiguo Testamento fueron los profetas. El propietario dice al viñador: “Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, no lo encuentro”. Nosotros somos esa higuera, y nos podemos preguntar cuántos viajes el Señor ha ido dando para ver si echamos algo de lo que espera. El reflejo de esos “tres años” habla sobre el tiempo, las oportunidades que nos han sido dadas para ser fecundos.

La parábola muestra la decepción del propietario al considerar que la “higuera” sólo está ocupando terreno y prefiere cortarla; al mismo tiempo, se evidencia su paciencia misericordiosa al acoger la petición de su “viñador”: – “Déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas”. Con certeza, el Espíritu Santo colabora constantemente para favorecer con su abono de gracia, y que todo acontezca según el querer de Dios.

Señor: queremos agradecerte la oportunidad que nos ofreces para recuperar nuestras vidas de los desenfoques y dispersiones que nos impiden florecer como tú esperas. No queremos abusar de tu confianza, de tu paciencia, de tu misericordia; nos disponemos a respetar tu tiempo, a madurar el sentido de nuestra libertad. Es duro estar ocupando terreno, sin futuro, sin esperanza. Preferimos disponernos con todo lo que somos. Ya verás, Señor, no darás un viaje más en balde.

  1. ¿Cómo vivo los procesos de conversión permanente?
  2. ¿Qué frutos estoy dando en el terreno donde me han plantado?
  3. ¿Los demás encuentran frutos cuando van a mi “higuera”?