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DE LA ASTUCIA A LA CREATIVIDAD INOCENTE

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EVANGELIO DE HOY: 5/11/21 (Lc 16,1-8).

El evangelio hoy nos cuenta la historia de un administrador astuto, quien malgastaba los bienes de su amo rico. El texto lo presenta con las siguientes características:

  1. DERROCHADOR:

Despilfarraba aquello que le había sido confiado. Los bienes no le pertenecían, poco se dolía de ellos. Su amo no estaba presente. En su ausencia quedó evidente su escaso nivel de lealtad. No era sincero. Fue sagaz hasta el escándalo, pues de él llegó la noticia al dueño, por una tercera vía.

  1. CALCULADOR:

Una vez al descubierto, no se dio por vencido. Siguió construyendo maquinaciones a su propio favor. No se negó ante el cuestionamiento del amo. Quedó ante Él en silencio. Pero por detrás movió las fichas. En el poco espacio de tiempo: entre la cancelación y la ida, consideró “no tener fuerzas para trabajar”. Había alcanzado un nivel de prestigio con lo ajeno, que mendigar en la vejez le daría vergüenza. Decidió alterar los recibos de los deudores del amo, a fin de contentarles y encontrar acogida de éstos al quedar cancelado.

  1. EJECUTOR:

Los cálculos del administrador astuto no se limitaron al pensamiento. Los ejecutó. Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo para que le paguen menos, y alteró las cifras registradas. Siguió engañando, comprando simpatía para ser recibido. Fue de maña en maña. Imagine usted a la casa que llegase. La sagacidad le acompañaría a donde quiera.

En síntesis: la felicitación que Jesús hace a este administrador astuto, ha de entenderse en el marco de una pequeña historia llena de movimientos y destrezas, de las que hay que aprender, pero para utilizarlas para el bien común. Así como hay maquinaciones para beneficio personal, hemos de ser creativos y sabios para provecho comunitario. Los hijos y las hijas de la luz, no han de ser ingenuos ni pasivos, sino emprendedores honestos, cuyas destrezas por el Reino porten el sello de la inocencia.

Señor: de esta historia aprendemos también nosotros. Te pedimos perdón por las veces en que hemos movido las fichas para nuestro provecho personal. Algunas veces, por temor o inseguridades futuras, dimos algunos pasos intentando asegurar la vida. Esto, con la conciencia que tenemos ahora, nos avergüenza. Queremos que la vida de oración nos llene de entusiasmo y creatividad por tu Reino, sin dejar entrar viveza alguna. Deseamos, como san Pablo decirte: “Lo hemos dejado todo lleno de tu Evangelio”.

  1. ¿Qué le cuentan de mí al Señor?
  2. ¿Qué diría si me llaman a dar cuentas?
  3. ¿Soy persona astuta (para el bien propio) o creativa/inocente (para el bien común)?