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PREPARAR EL CAMINO: UN LLAMADO A LA CONVERSIÓN

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EVANGELIO DE HOY: 05/12/21 (Lc 3,1-6).

En este segundo domingo de adviento, Lucas nos muestra la manera en que hemos de preparar el camino para recibir al Señor. Nos relata el pasaje donde Juan Bautista, con la fuerza de la profecía isaiana, invita a todos a un bautismo de conversión para el perdón de los pecados; es la exigencia para quien asuma recibir al Señor. En lenguaje figurado, tal conversión implica lo siguiente:

Preparar el camino del Señor:

El verbo “preparar”, en el texto, se presenta en plural; puede referirse al trabajo personal y comunitario para que el Señor pueda llegar hasta el corazón y transformarlo. Sin este camino no puede haber conversión auténtica. La Palabra que vino sobre Juan en un contexto determinado y la cual él anunció fielmente, llega hasta nosotros en nuestras circunstancias. A usted y a mí el mensajero nos dice: “prepara el camino”. Tengamos en cuenta, al mismo tiempo, que la palabra “camino” tiene un artículo singular: “el camino”; no se dice “preparen un camino”; sólo existe una vía de cómo hacerlo, un solo camino por el cual el Señor podrá andar para llegar y darnos la salvación. ¿Cómo se realiza?:

Allanando los senderos:

Nosotros somos senderos… y si estamos elevados, necesitamos “allanarnos”. Cuando nos disponemos a cambiar cualquier indicio de altanería en sencillez, estamos allanando el sendero. El Señor es atraído por la humildad. Cada quien sabrá cuáles “elevaditos” precisan igualarse para facilitar el acceso del Señor.

Elevando los valles:

En esta expresión se muestra una realidad diferente: mientras unos necesitan “allanarse” para otros es necesario “elevarse”. No todos tenemos la misma realidad ni las mismas circunstancias. Cada quien, en un examen de conciencia serio, podrá identificar qué tipo de terreno es; para que entre todos y todas nos dispongamos a hacer un solo camino. Hay vacíos en la vida de uno, lagunas, basuritas, que necesitan ser descartadas y, simultáneamente, rellenar el hueco de valores y virtudes, a fin de que el camino se iguale, y que el Señor camine con firmeza.

Desciendan los montes y colinas:

En el leguaje bíblico, “montes y colinas” suele referirse a reyes y poderosos gobernantes. También a estos sectores se le exige conversión y transformación. Con Jesús viene alguien mayor, con autoridad divina. Hay que bajarse, porque una nueva manera de reinar se aproxima, con otros criterios, los de amor y de misericordia.

Que lo torcido de enderece y lo escabroso se iguale:

Se hace necesario identificar las cosas torcidas en la vida personal, y las cosas escabrosas o ásperas, que requieren esculpirse, pulirse, lijarse. Observemos que todos y todas necesitamos disponernos a la transformación integral. Cuando esto suceda, entonces, afirma el profeta que testimoniaremos la salvación de Dios.

Señor, como dice el salmista, “que tú cambies nuestra suerte”; nosotros queremos vestirnos de gala perpetua para la gloria de Dios. Como Pablo a los Filipenses tenemos nuestra convicción: “quien ha inaugurado una empresa buena la llevará adelante”; y tenemos nuestra oración: “que el amor entre nosotros siga creciendo más y más”. Gracias Señor porque tu alegría es que estemos preparando el camino para encontrarnos.

  1. ¿Cómo voy preparando el camino del Señor?
  2. ¿Qué en mí necesita rellenarse y de qué?
  3. ¿Qué necesita ser rebajado?
  4. ¿Qué torcido y escabro requiere ser enderezado y esculpido?